Antes de que los muertos no tengan nombre

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Amigos de Neomar alzaron el ataúd con el rostro tapado. Foto: María Cecilia Peña

Por Jesús Morales

El venezolano tiene sentimientos encontrados sobre los “caídos”, lamentamos su pérdida pero al mismo tiempo la glorificamos. Entendemos que son vidas humanas y que es una desgracia que hayan sido asesinados. Por otro lado, en nuestro intento por darle significado a lo ocurrido, construimos altares en nuestras mentes sobre sus nobles sacrificios. Esto puede ser un proceso normal, que va desde vivir y reconocer el trauma, hasta darle un significado al sinsentido.

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Hasta ahora son 117 personas que han muerto en las protestas en Venezuela. Algunos nombres son conocidos, Diego Arellano, José Pernalete, Neomar Lander; pero la lista tristemente se alarga, se hace cada vez más difícil recordarlos a todos. Es así como los monumentos al “Soldado Desconocido” son comunes en todos los países en donde ha habido guerras. Es porque este memorial no se levanta para una persona en específico. De hecho, ese monumento existe porque en cualquier conflicto significativo hay un punto en donde los fallecidos son tantos, que dejan de tener nombre y se convierten en una cifra. Se convierten de hecho en “Los Soldados Desconocidos”.

Habiendo experimentado muy de cerca lo que es La Resistencia, he podido observar cómo la sociedad interactúa con ellos. Existe un proceso de delegación en el cual la sociedad eleva a La Resistencia al estatus de héroes y deposita en ellos la legitimidad que necesitan, visibilidad y junto con eso, apoyo moral. Todo esto ocurre también en otro contexto, cuando un país manda a sus soldados a la guerra. Así que el asunto que me lleva a escribir hoy es que, no sé si existe una visión más amplia de qué sucederá, cuando y si el conflicto se intensifica y la cantidad de víctimas directas e indirectas de esta situación sigue escalando.

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Por un lado, hay que hacer la debida recapitulación, los responsables por cada muerte son quienes jalan del gatillo y quienes dan las órdenes. No hay manera de justificar la represión y el uso de armas para obstruir un derecho civil y político. Asimismo, el uso del componente militar para esta represión demuestra cómo el empleo de la fuerza es desmedido. Así que la primera persona a quién hay que llamar a detenerse es al Ejecutivo Nacional y a las Fuerzas Armadas. Son los principales actantes y por ende, en quienes cae la responsabilidad.

Por otro lado, y sin desestimar lo anterior, en la opinión pública hay una marcada polarización que afecta, incluso la perspectiva que tenemos acerca de los posibles medios para salir del conflicto, negociación, elecciones, sea cual sea la forma. Ahora, la violencia y la polarización comparten un aspecto en común, debe haber una marcada restricción de la percepción de la realidad. Bien sea en el individuo o en el grupo, existe una indisposición a percatarse de las alternativas, por ello, las decisiones se dirigen por la respuesta más instintiva, que en el caso de la agresión y la frustración, es la violencia.

Todos sabemos de los linchamientos que iniciaron en el 2015 y como en medio de las protestas esto se ha salido de las manos. Más de cerca, he visto como muchos miembros de La Resistencia y miembros de la GNB y PNB tienen una actitud de guerra sin cuartel, una percepción de que son ellos o nosotros. La sociedad civil no escapa de esto, es una actitud que se ha permeado a todos los niveles de la sociedad.

Entonces ¿Qué hacemos? El juego está trancado por muchas razones, muy importantes todas ellas, pero una muy importante es que estamos pensando en aliviar la carga de rabia, en hacer catarsis, nuestro objetivo es “hacerles pagar”. Está claro que el país necesita de justicia, de verdad y de paz, esto no es negociable, pero por encima de todo, el país necesita de un futuro y de esperanza. La restricción de la percepción de la realidad puede no hacernos ver las alternativas disponibles y como, a final de cuentas, salir de esta situación. Entonces, es obvio que un criterio primordial para todas las acciones individuales y colectivas en medio del conflicto venezolano es pensar en qué hacer antes de que los muertos sean tantos que no tengan nombre.

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