Apuntes sobre fumar marihuana en Caracas

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Por Efraín Núñez

Venezuela no será Amsterdam o Uruguay, pero el tráfico y consumo de sustancias psicoactivas es algo que difícilmente está ausente en cualquier región del mundo. Sobre todo en una gran ciudad como Caracas, donde la tienes hasta más fácil porque tus propios representantes políticos son los principales narcos. Pero hoy no hablaremos de la cocaína, ni nada parecido, sino de la marihuana.

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Marihuana, esa hierba que pinta los ojos de rojo y despide un aroma a monte que la vecina de sesenta y pico siempre está pendiente de oler para meterle chisme a la mamá del junior. No es secreto que la mayoría de los jóvenes en Venezuela la han consumido o al menos han estado en cercana proximidad a ella durante el transcurso de la universidad o incluso desde la etapa escolar. Ya sea por hábito o recreación, fumar marihuana te hace ser parte de una subcultura con sus propios modos y experiencias fundamentales. Si alguna vez has fumado con la suficiente frecuencia, es probable que te sientas fácilmente identificado con al menos la mitad de los siguientes escenarios:

  • La primera vez que fumaste te dijeron que tenías que inhalar y mantenerlo en tus pulmones el mayor tiempo posible, pero solo terminaste ahogándote como un pendejo. Inmediatamente lanzaste la clásica de “coño, esta vaina no me hizo nada ” y claro al rato tus panas no hacían más que reírse de ti porque te quedaste viendo la palma de tu mano y sonriendo solo porque “no la soportas”.
  • Siempre hay alguien en tu grupo de amigos que se jacta de ser “inmune” a los efectos de la marihuana, hasta que un día realmente hace más que solo mantener el humo en la boca y soltarlo.
  • Prendes un porro en el patio de la universidad con dos o tres amigos; terminan enchufándose cuatro compañeros de clase que no sabías que fumaban, uno de esos profesores jóvenes que le echa los perros a las de tu salón, una caraja que te caía mal y hasta un vigilante.
  • Lo quieras o no, terminas por intimar con la gente al momento de fumar. Esa caraja que te caía mal se hizo una de tus mejores amigas después de haber fumado con ella un par de veces.
  • Calificas la calidad de la marihuana que vende un dealer según un gradiente de nombres, mientras más malandro suene el nombre bajo el cual guardaste el número de alguno en tu teléfono, mejor producto. Llamar a un Yeison es siempre lo más prudente, y solo cuando Brayan te deja mal es que le escribes al Santiago de tu edificio.
  • Has tenido la impresión de que el tipo al que le compras podría robarte en cualquier ocasión.
  • Cuando forman un círculo para fumar, siempre hay alguien que se la tira de experto e intenta juzgar la pureza o el tipo de marihuana que tienen en sus manos (puede que entre ellos tú), pero la verdad es que más allá de si es “marrón” o “cripi” no hay más nada que se les ocurra declarar y nunca en su vida han escuchado algo como spice, kush, cannabis indica o cannabis ruderalis.
  • Sin darte cuenta posees total dominio de un lenguaje alternativo al momento de comunicarte con tus yonquis de confianza. “Cuadra medio”, “pásame el número de una flecha”, “desmóñala”, “enrola tú”, “rótalo”, “¿tienes cuero”?,”sácale dos”, “hay que hacer la vuelta”, “¿a cuánto está el punto?”, son algunas de las frases que forman parte de tu nuevo argot.
  • Siempre hay alguien que no entiende la simple logística de un “americano” y se instala a jalarle al porro como si fuera la máscara de oxígeno que se despliega en un avión que va en picada.
  • Conoces al menos tres formas de encubrir el olor de la marihuana en tu ropa, tu aliento, tu bolso, etc.
  • Han matado a alguno de tus dealers.
  • Siempre hay uno que “mal tripea” y complica la reunión.
  • Ese que mal tripea alguna vez has sido tú cuando te has atrevido a fumar solo en la calle.
  • Te conoces muy bien sitios como la plaza del Millenium, la plaza de Los Palos Grandes, Tierra de Nadie (UCV) y hasta las afueras de la estación del metro Los Símbolos.
  • Alguna vez has mezclado en tu organismo marihuana con alcohol y has transitado por una “mari-pea”. Jamás lo quisiste repetir.
  • A alguno de tus amigos los han descubierto fumando en su casa.
  • Suelen decirte que la marihuana de Caracas tiene demasiados químicos adicionales.
  • En algún momento te ha tocado escuchar a uno de tus amigos afirmar que le iría muy bien vendiendo él mismo o incluso tú lo has considerado.
  • Si eres universitario, has entrado a una clase en total estado de facha absoluta.
  • Fue la mejor clase de tu vida.
  • Hasta ahora, jamás has escuchado semejante cosa como que alguno de tus conocidos se haya enganchado a la marihuana o haya presentado en cierta oportunidad un verdadero síndrome de abstinencia.

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