El dólar innombrable vs Usain Bolt

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Por Emanuel Mosquera 

Las últimas semanas en Venezuela han sido, cuanto menos, de pura adrenalina. La incertidumbre se respira, se vive, se nota en las miradas de quiénes recorren las calles como el ululante viento que se pierde en las montañas. Lo mismo sucede con la economía: nadie sabe a dónde ni cómo va a terminar todo esto. Es propio de los pesimistas sentarse a deshojar las margaritas mientras los más optimistas siguen buscando oportunidades en medio del caos. A otros, sin embargo, nos gusta detener nuestra caminata brevemente para mirar hacia nuestro alrededor, escuchar, tocar y tratar de comprender cómo funcionan las relaciones sociales y económicas en la Venezuela de hoy.

Las tensiones políticas influyen de manera significativa en la evolución de la economía venezolana, y a estas dos macro variables se le añade un tercer componente: el elemento social, quien es el que (en última instancia) determina el devenir de las cosas. ¿Cuánta confianza me transmite el actual panorama económico? ¿Debo comprar o debo vender? ¿Debo ahorrar o debo invertir? ¿Moneda local o moneda extranjera? Nos suele venir el recuerdo del profesor y economista Luis Xavier Grisanti, quien en una ocasión espetó una frase tan sencilla como lapidaria: “Un país que trabaja con bolívares no puede vivir pensando permanentemente en dólares”. Como diría el célebre actor Mario Moreno: “Ahí está el detalle”. Es precisamente éste el gran problema de la economía venezolana, una mentalidad rentista asociada a la búsqueda de los instrumentos más sencillos que permitan la apropiación de los ingresos (dólares) que se derivan del principal motor económico de la nación: el petróleo. Algunos creen tener el “derecho” de apropiarse de esta renta mediante sus múltiples empresas, otros celebran de modo ignaro las dádivas que envía el Estado porque tienen “derecho” a recibirlas. Al final de esta novela, lejos de los “derechos”, la economía nacional termina más torcida que nunca.

La economía venezolana está dolarizada

La economía, esa “ciencia” que se ocupa de estudiar la toma de decisiones de los agentes que se involucran en cualquier actividad económica (entre otras cosas), nos resulta ajena, distante y en muchos casos hasta lúgubre. No es que existan malos economistas, es que sus términos nos resultan tan complejos que una gran parte de la sociedad prefiere sentarse a escuchar discursos rimbombantes para conocer si la economía va bien o va mal. Este quizá ha sido el gran problema de los economistas y los comunicadores de nuestro tiempo: el no saber transmitir las ideas de una forma que hasta el “menos pintado” logre captarlas fácilmente.

“El país está mal porque la economía ahora está dolarizada” ¿Quién no ha escuchado esta frase que se repite a cada rato como un mantra para explicar lo que sucede en Venezuela? Pues señores, déjennos decirles que no hay nada más lejos de la realidad. Al ser Venezuela un país que ya desde comienzos del siglo XX había venido dependiendo de las importaciones de bienes e insumos para hacer funcionar su economía, es muy fácil detectar que nuestro país siempre ha estado “dolarizado”. Nuestra economía es muy sensible al valor de dólar, la diferencia está en que las reglas de hace 100 años atrás no son las mismas que ahora. Lo que realmente nos perjudica no es si el dólar está barato o está caro, sino el tipo de cambio (cuántos bolívares necesito para comprar un dólar). Lamentablemente, las últimas medidas económicas tomadas por nuestros gobiernos han perjudicado esta relación más que nunca, a tal punto de pensar que la economía venezolana se rige por el valor que fija un portal en Twitter: el “innombrable”.

Seguimos de mal en peor y no hay nadie que se atreva a ponerle el cascabel al gato. Existe una enorme distorsión en el mercado cambiario venezolano y a muchos les cuesta creer que la explicación a este fenómeno va más allá de una simple relación de oferta y demanda de nuestra moneda con respecto al dólar. No puede negarse la existencia de diversos tipos de intereses políticos (de quienes dicen adversarse en público) por mantener un juego más que trancado. El “innombrable” ha venido subiendo estrepitosamente durante las últimas semanas por la inestabilidad sociopolítica que hemos venido atravesando, y como en todo “juego de ajedrez”, ambos bandos afinan su estrategia mientras mueven sus piezas en el tablero, una de esas piezas es el dólar.

La hiperinflación y otros tantos cuentos de camino…

Intentar disimular la depauperante situación que atraviesa la economía venezolana requiere de una dosis de cinismo muy elevada. El país ha entrado en el período inflacionario más escandaloso de su historia, pero no puede tomarse, al menos por ahora y desde un sentido de vista académico, la palabra “hiperinflación” como una referencia para nuestra economía. Es algo mucho más complejo que ese simple término, es una situación que involucra el estancamiento de las actividades del sector productivo y se torna en muchos sentidos la evidencia de un modelo económico que ha venido, durante muchos años, siguiendo “el viejo estilo de la mafia”.

Si el cielo es el límite, el “innombrable” no conoce de ellos pues su precio puede llegar a niveles inimaginables. Existen diversos tipos de cambio en Venezuela, desde el “dólar protegido”, el “dólar implícito”, el “dólar complementario”, el “dólar innombrable” y hasta el denominado “dólar de anaquel”, este último es el que más conoce el ciudadano de a pie, ya que se refiere al precio en dólares que tiene un bien al momento de comprarlo. Por tal motivo, es ilógico que al momento de cambiar dólares por bolívares a la tasa del “innombrable” los productos en el anaquel nos terminen costando hasta 4 veces menos de lo que podría costar ese mismo bien en el exterior, cuando precisamente este producto provino del exterior. Esa quizá sería una de las tantas contradicciones que derrumban cualquier hipótesis de “sesudos analistas” que vemos a diario en los medios de comunicación. Hay que detenernos a pensar un poco más nuestra economía, a comenzar a formular más preguntas y a conformarnos cada vez menos con las “respuestas prefabricadas”.

Usain Bolt es considerado como una de las estrellas que más brillaron en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008. Su velocidad “meteórica” y su deslumbrante “facilidad” para bañarse en un triplete de oro rompiendo récords mundiales, dejó al mundo entero boquiabierto y logró consagrarse como uno de los velocistas más importantes de nuestra época. El “innombrable” pareciera querer ganarle esta carrera ficticia a Bolt, para ver quién puede correr más rápido. Después de una prodigiosa vida profesional, Bolt está muy pronto a despedirse de la actividad deportiva, y esperamos que el “innombrable” (que a diferencia de Bolt, que sí es merecedor de todos nuestros aplausos) también termine por retirarse y nos haga olvidar una de las etapas más tristes y oprobiosas de nuestra historia económica. ¿Es posible la dolarización oficial de nuestra economía? No nos gusta fungir de astrólogos o videntes, pero pareciera ser que una pizca de ignorancia política, más la vieja reminiscencia del caso ecuatoriano, podría alejarnos de aquel sempiterno: “La economía venezolana está mal, pero…no vale, no es para tanto”.

Justo antes de partir…

España, mayo de 2011, todos a la calle a manifestar nuestra indignación. ¿Será que los venezolanos lograremos salir a la calle a gritarle a los políticos: ¡Que no nos representan, carajo!?

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