Domingos Criollos: “El efecto Venezuela”

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Por Emanuel Mosquera

 

Recuerdo que una de esas tantas veces que me reunía para “chacharear” un rato con los amigos, me tocó explicar lo que era “el efecto Venezuela”. Ni yo mismo sabía que eso existía, me había enterado prácticamente hacía unos meses antes. Fue gracias a una gran amigo y profesor que pude rescatar esa olvidada tesis de Pérez Alfonzo (que Jorge Olavarría devolvería a la escena política en un libro homónimo publicado en 1996) y me senté a indagar un rato sobre el tema. Lo confieso, tengo una extraña manía, me gusta hablar con la “gente vieja”. En esta imberbe etapa de la vida podemos disponer de algunos recursos teóricos, pero sin duda los años nos aportan un elemento vital a la construcción del saber: la experiencia.

Contrario al “efecto Pigmalión” que entregaba la belleza de la vida a todo objeto inanimado, el “efecto Venezuela” era una señal de alerta de todo aquello que podíamos hacer mal en materia petrolera, y que lamentablemente sucedió. El temor de la utilización de la riqueza petrolera para favorecer el consumo en lugar de la inversión productiva desataba en Pérez Alfonzo una serie de fantasmas que nos persiguen en la actualidad y que acuñó en su célebre y olvidado “efecto Venezuela”: la corrupción, el uso improductivo de nuestros recursos y el acostumbramiento de los ciudadanos al dinero fácil. Esta errante andadura nos ha llevado a vivir en un país con una terrible concentración económica, una mala distribución del ingreso en la población y una dependencia del petróleo jamás vista en nación alguna. Bienvenido a Venezuela, el país “rico” donde un buen número de personas se está alimentando de la basura. Así vamos transitando y no pareciese que nos hubiésemos dado cuenta: de boom en boom y de paquete en paquete.

Pérez Alfonzo era un hombre muy visionario, algunos consideran que su pensamiento se encontraba errado por su abocada visión de la importancia del Estado en el tema petrolero, quizá un poco disímil a lo que planteó en su momento otro de los intelectuales más importantes de nuestro breve siglo XX, como diría Hobsbawm. Se trata de Arturo Uslar Pietri. Para los amantes del fútbol nos sucede lo mismo que a Messi con Cristiano, la gente vive peleándose por saber quién es el mejor y hasta les inventan rivalidades casi que “jaladas por los cabellos”. Sí, Arturo Uslar Pietri y Pérez Alfonzo pensaban distinto, pero al igual que Messi y Cristiano no sentían odio el uno por el otro, simplemente tenían dos visiones diferentes de la vida y ambas fueron muy determinantes en la construcción de la “Venezuela petrolera” de estos últimos y complicados 100 años.

El abandono de la agricultura y los sectores económicos conexos, este tipo de actividades productivas (junto a la elevada dependencia de las importaciones) es algo que a Pérez Alfonzo siempre le pareció preocupante. Vamos como vamos no porque seamos malos, sino porque no sabemos lo que vamos haciendo, ya decía Simón Rodríguez que “nadie hace bien lo que no sabe”. Debemos rescatar nuestra educación y empezar a hablar de una educación petrolera, quizá no sea algo de la noche a la mañana, pero al menos minimizamos la posibilidad de terminar como aquella célebre novela donde el hombre más rico del pueblo, de un día para otro lo perdió todo y terminó merodeando por las calles buscando algo para comer. Pérez Alfonzo, Arturo Uslar Pietri y como no, Alberto Adriani, son hombres que trascendieron su época; aunque de estos dos últimos conversaremos en otra ocasión. Venezuela nos necesita unidos, pero más que unidos, preparados para afrontar intelectualmente los desafíos que trae este siglo XXI, nos toca una labor muy hermosa que no se ha cristalizado en casi 200 años de historia, es la hora: ¡Hagamos República!

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