“Estudia para que seas alguien en la vida”

Después de una infancia vivida en barrios caraqueños, llena de necesidades y violencia, la meta de Rekeson era llegar a los 30 años. Ya los tiene, ahora la meta es que sus hijos sean exitosos e influyentes como él

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Por Grisha Vera

“Estudia para que seas alguien en la vida” le repetía una y otra vez la mujer que le dio la vida a Gustavo Ferrín, quien sin terminar el bachillerato hoy es conocido por los jóvenes venezolanos como Rekeson, que mantiene una trayectoria de 20 años como cantante y escritor de  rap.

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En su dúo Guerrilla Seca, Rekesón se dio a conocer y ganó fama con temas como Voy hacer plata, ganador del Premio Pop Rock en la categoría mejor video y mejor canción. Gustavo explica que toda la violencia que vivió en su infancia logró drenarla en  la música, así superó sus traumas. Él siente que sin la música estuviese haciendo otras cosas, y que por el camino que iba era muy difícil llegara a los 30 años. Su meta era llegar a esa edad, pues ni su padre ni sus amigos de crianza lograron alcanzarla.

Nacer y crecer en un barrio caraqueño

Reke cierra su mano izquierda, extiende el brazo y muestra un puño que en tinta negra tiene marcado 1983, su año de nacimiento. Año en el que inicia la vida Gustavo Ferrín en un barrio de Catia. Su padre muere muy joven, cuando él solo tenía dos años. Crece junto a su madre que siempre lo ha apoyado. A sus cinco años llega un hombre, el nuevo compañero de su madre: su padrastro.

Su padrastro llenó su vida de violencia y maltratos. Para castigar a su hijastro este señor le ataba las manos, lo mojaba y le pegaba con cables. Muchas veces no eran castigos, el pequeño no había hecho nada, solo intervenía para frenar los golpes que le daban a su madre. Deseaba crecer, tener más tamaño, para en igualdad de condiciones poder enfrentarse con su padrastro.

Después de cumplir los 12 años, cansado de la realidad de su hogar, Gustavo se va de su casa. Llega al barrio Plan de Manzano, se une con otros chamos y comienza delinquir. Así, su adolescencia inicia en el mundo de la delincuencia, no le esperaba nada bueno. Gustavo cuenta que cuando su madre y su padrastro observaron los caminos que él había tomado, reaccionaron y le pidieron que volviera a su hogar.

Gustavo vuelve a su casa, pero no a los estudios. En ese momento sentía que estudiando no iba a lograr nada. Eso que su madre le repetía: “Ve a la escuela, estudia y vas a ser alguien en la vida”, no le llenaba. Su único interés era “hacer plata” para poder comprarse y costearse una vida que su madre no le podía dar. De esta manera comenzó a trabajar, primero empezó con su padrastro en la construcción como asistente de albañilería, luego trabajó como buhonero vendiendo frutas y  pantalones, más tarde zapatos y ropa en el mercado de la Hoyada. También, pintaba y quitaba el granizado montando en andamios, “teniéndole miedos a las alturas”, aclara Reke mientras agacha su cabeza, minimiza sus ojos y extiende una sonrisa que le estremece el rostro.

Después de esas experiencia se dio cuenta que él no había nacido para ser mandado, buscó en la música la manera de ser independiente y de tener su propia empresa para gerenciar sus negocios y hacer su propio dinero.

Para Gustavo crecer en un barrio es crecer sin esperanzas debido a  la pobreza, la miseria, la desigualdad y la violencia. Sin embargo, señala que lo positivo del barrio es el deseo de superación de su gente.

De Gustavo a Rekesón

A sus diez años, Gustavo compartía con sus amigos construyendo rimas. Siempre le gustó el baile y se inició en el género urbano bailando Break Dance. En Venezuela todavía no se conocía qué era el Hip Hop. Más tarde, empezaron a llegar las revistas, la música y los cuentos de las personas que viajaban. En la radio no se escuchaba nada de eso, solo en ciertos programas de música anglosajona que a él le gustaba oír, eran programas especiales, donde había mezcla de Soul, Jazz y Funk. Luego, se empezó a escuchar el Hip Hop y en ese momento se dio cuenta de que se adaptaba mucho a su estilo de vida, a como escribía. Ya él era un rapero sin saberlo

Su interés por la música inició desde muy temprano con el CD de Triller de Michael Jackson. Gustavo admiraba a este cantante  estadounidense, el Rey del Pop, por lo completo que era como artista: producía, bailaba, escribía y cantaba. Michael Jackson lo inspiró a ser artista, cantante, a expresarse en público. Después fue que inició con la escritura y más tarde con el Hip Hop.

Es a los 14 años cuando Gustavo inicia en la música profesionalmente con un productor jamaiquino en el grupo Fashion not Boys junto con 7 integrantes más. Fue su primera experiencia en un grupo y en la industria de la música.

Pero, el verdadero Rekesón inicia con el grupo La Realeza, ya no por fines comerciales sino por su talento e inspiración. Creó su estilo, empezó hacer sus propias pistas y adaptarlas a lo que escribía. Más tarde, el grupo se disuelve dándole paso al dúo Guerrilla Seca, en donde Reke cantó junto a Colombia. Con este dúo, que inició a finales de los años 90, Reke se presentó en el festival Rap al Parque de Bogotá, uno de los más importantes de Latinoamérica. Entre sus grandes éxitos están: Voy hacer plata, Espera y No hay amigos.

Así, Reke llega a posicionarse como una de los raperos más influyentes en el Hip Hop nacional. El dúo Guerrilla Seca se separó por problemas internos de lealtad y públicamente fue notoria la separación luego de que empiezan las tiraderas de Colombia a Reke por su participación en la película venezolana Son de la Calle. Al recordar a Colombia, Reke baja el tono de la voz: fue a causa de Colombia, que hoy se da a conocer como el Prieto, que el dúo se separó, asegura.

Reke explica que su rap es un sentimiento, y de ahí la razón de que sus distintas canciones sean tan contradictorias. Él no siempre se siente igual, y por ende no siempre puede escribir igual. Por eso sus canciones van como una ola. Se bambolean entre la felicidad y la tristeza, entre la rabia y la tranquilidad. La música le ayuda a drenar estas emociones.

Entre sonrisas, Reke recuerda que su madre nunca se imaginó que aquel adolescente con ideas y estilo de vida extraño iba a llegar hacer un verdadero artista y mucho menos que se iba a mantener en el tiempo. De igual manera, siempre lo apoyó. En sus inicios le daba dinero para las grabaciones, pero no lo veía como algo para toda la vida. Su madre solía preguntarle que cuando se iba a dedicar a algo serio, cuando iba a dejar el bochinche de la música e iba a crecer. Le explicaba que eso no era para toda la vida, que eso era mientras fuese un adolescente, que pronto se daría cuenta que tendría que estudiar y trabajar para que pudiera ser alguien en la vida. Le decía que el rap no le daría para vivir ni para mantener a sus hijos. Él le respondía: “Mamá, toda mi vida voy a ser rapero, de esto voy a vivir, de esto mantendré a mis hijo”. Lo logró.

Gustavo y no Reke

Hace nueve años su vida cambió, nació su primera hija: Alexandra. Se tomó su vida más en serio, pues ha querido formar una plataforma económica para sus hijos con el fin de bridarles los mejores estudios y la mejor educación. Gustavo quiere ofrecerles a sus hijos todo lo que sus padres no pudieron darle a él.

Desde que es papá escribir sus canciones es más complicado, pues invierte tiempo en sus tres hijos Alexandra, Kairu y Amaya. Se levanta a las 5:30 de la mañana para vestirlos, arreglarlos y llevarlos a la escuela. De ahí va al gimnasio y luego al boxeo a entrenar. En la tarde va al estudio a trabajar en sus producciones y se reúne con compañeros para discutir los proyectos. Sus ratos libres los aprovecha para jugar con los niños: playstation, futbol, dibujar y a veces hasta Barbies y muñequitas con las niñas.

Cada uno de sus hijos heredó una de las características que definen a Reke. El describe a Alexandra, de 9 años, como melómana, amante de la música; Kairu, de 7 años, como un niño serio y tranquilo pero explosivo cuando se molesta; Anaya, que tiene 6 años, como extrovertida y con una picardía que no le perdió rastro al padre.

Suele regañar más a Anaya, la más chiquita, que al final del día lo vuelve loco, pues no le gusta estar quieta ni hacer tarea, es muy hiperactiva y siempre deben canalizarle las energías con actividades físicas. Pero Anaya no es la única que sale regañada, a veces a Kairu también le salen sus palabras porque suele ser explosivo y respondón.

Para él es difícil explicarles a sus hijos el contenido de sus canciones. Confiesa que les enseña  la vida tal cual es, pero no les muestra toda la realidad de un solo golpe, sino que se las va enseñando, poco a poco, a medida que van creciendo.

Los hijos de Gustavo aún no saben quién es Reke. Alexandra, Kairú y Anaya desconocen la violencia y la necesidad que de niño vivó su papá. Él espera que, en la medida en que los niños vayan creciendo, les pueda ir explicando las cosas, para que comprendan por qué en algunos momentos se comportó como lo hizo, para que entiendan por qué él no quiere que sean así.

Los niños a pesar de que escuchan y cantan las canciones de su papá, jamás mencionan las graserías, ni siquiera cuando forman parte de la letra de una de esas canciones. Ahora, la meta de Gustavo, es que sus hijos sean exitosos e influyentes, le gustaría que lleguen a ser cantantes y raperos, aunque él los apoyará en lo que ellos decidan ser.

Proyectos de Reke

Hoy Reke a sus 34 años sigue pareciendo un muchacho 10 años menor. Viste botines negros, bermudas, franelas holgadas; usa zarcillos y la gorra con la visera hacia atrás. Sus brazos, manos y dedos están revestidos de tatuajes. En su garganta lleva marcado un micrófono que simboliza lo que es su propia voz.

Reke confiesa que le cuesta entregarse completamente al amor por una mujer, pero que nada le cuesta caer en los hechizos que estas producen en él. Mientras conversa sobre el encanto que le causan las féminas, muestra de oreja a oreja una traviesa sonrisa que deja ver una mirada brillante, que transmite una dulzura y un encanto inexplicable. Gustavo aclara que sí cree en el amor, en el amor que da Dios, el amor por Dios, el amor que les tiene a sus hijos. Pero, explica que el amor por una mujer es diferente, pues no es de la misma naturaleza. No es un amor puro, ese amor suele confundirse con otras pasiones.

Gustavo quiere que las realidades a las que les canta (el barrio, las cárceles, la delincuencia) cambien. Sin embargo, no lo ve posible en un país que sigue lleno de desigualdad y corrupción.

Cuenta que tiene la intención de crear una fundación que realice talleres para que los jóvenes de los barrios y las cárceles aprendan cosas de su cultura. El fin es que logren canalizar todas las malas experiencias que han vivido y la violencia y frustración que sienten al estar presos.

Se ha motivado a tener esta fundación, pues ya ha vivido la experiencia de rescatar a niños y adolescente de la calle. Él cuenta que solo no puede hacer todo, que su intención no ha sido suficiente. Explica que las personas en estado de indigencia y drogadicción necesitan de mucho apoyo para lograr superarlo. Él hace unos años recogió a una chica de 15 años que a esa edad ya  se prostituía y se drogaba. Le buscó ayuda en las iglesias e instituciones, pero no se la prestaron. La chica luego de vivir con él un año y tras recuperarse un poco, decidió volver a la calle.

En la calle, en el Hip Hop

Las personas que conviven con Reke lo describen como “muy picado”. Otros, que poco han convivido con él, como es el caso de Carlos, un joven envuelto en el mundo del Hip Hop, lo admiran por su seriedad y humildad. “Reke me vio cuando estaba chamito improvisando en Sabana Grande. Se detuvo y me motivó. Me inscribió en una competencia y quedé de tercero”, cuenta Carlos su experiencia para asegurar la humildad que mantiene Reke, a pesar de toda la fama que lo caracteriza y la referencia necesaria de su nombre al hablar del Hip Hop venezolano.

Gustavo sabe que la gente no es sincera, desconfía de todo el mundo, no le da entrada a su vida a cualquiera. Dice no tener amigos, pues la vida le ha enseñado a ser arisco.

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