Guachafita en el hemiciclo: ¿Y dónde quedó la ley?

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Fotografía: Salón de los escudos, Palacio Federal Legislativo

Por Lorenzo Rodríguez

Engavetado por allá en algún mohoso y decrepito estante del Palacio Federal Legislativo estará el respeto a la ley. Dicen por ahí las malas lenguas que toda norma jurídica viene primeramente de la moral ciudadana y luego de las costumbres. Partiendo de esa premisa, lo que estamos es jodidos. Prueba de ello es la célebre e ignorada máxima de Bolívar “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Ciertamente, en algún punto del camino nos hemos extraviado, nuestras costumbres han dado pie a este bochinche que pesa sobre la Constitución.

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Todavía cuando toda nuestra historia republicana se encuentra plagada de bravuconerías y pillajes sobre la carta magna, hoy por hoy somos particularmente susceptibles con esa Biblia laica de colorcito azul. En efecto, la más reciente patada en las gónadas de los próceres titula el artículo de hoy, pues en los últimos días lo único que hay en el Palacio Federal Legislativo es bullicio y zaperoco.

Sin embargo, antes de continuar es importante recalcar lo siguiente: En Venezuela no existe Estado de Derecho. Insisto, el hogar de la arepa experimenta una situación de hecho, no de derecho. Dicho en otras palabras, hay un gobierno de facto que ejecuta su voluntad sobre el monopolio e imperio de la fuerza que ya hace bastante dejo de ser legítima, al menos para 7 millones de venezolanos.

Considerando lo anterior, ¿realmente sorprende lo ocurrido hace unos días en el hemiciclo? El decreto que faculta a la Asamblea Nacional Constituyente para atribuirse las competencias legislativas de la Asamblea Nacional no es otra que el acta formal de defunción de un Poder Público que tiene rigor mortis desde hace meses. Para ningún venezolano es secreto que cuando la oposición le quitó el celofán a sus nuevos curules, ya el chavismo estaba trancando la partida de domino. Detenerse a enumerar todos los atropellos del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) solamente corrobora que antes de la ANC, ya el TSJ hacía delicias con el salón legislativo.

Entre la expulsión de los diputados de Amazonas, la presentación de la Memoria y Cuenta de Maduro en la Sala Constitucional y los famosos decretos que detonaron estos últimos 121 días de protesta ya se encuentran suficientes razones constitucionales para darle cárcel hasta al conserje de la Sala de Casación Civil. No obstante, ¡sorpresa! en las dictablandas ese tipo de acciones como respetar la legalidad son -mínimo- un insulto. Ahora bien, cabe destacar que como elemento discursivo y aparataje mediático no existe nada más alarmista y convincente que un: Se ha disuelto el parlamento. Sin embargo, aunque Fujimori fuera un orate al hacerlo, el chavismo sabe aprender en cabeza ajena. Sí, hablo de Carmona.

En conclusión, poco ha cambiado con este anuncio porque la Asamblea Nacional ha sido sistemáticamente obstaculizada durante toda su gestión por los juristas del horror caribeños, dejando de lado también la natural abulia, modorra y pecueca con la que en más de una ocasión se dispuso a actuar nuestra comunidad de diputados. Nada de esto habría de impactarnos, pues combatir un Estado Totalitario con el largo brazo de la ley tiene tanta coherencia como usar chapaletas en un desierto. En materia ideológica, artículos como el 138, el 333 y 350 son blasones, banderas, símbolos que nos legitiman en la entereza ética de nuestra lucha.

No obstante, el papel lo aguanta todo. Los hombres de carne y hueso, quizás no.

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