Por Efraín Nuñez

16 de julio y más de un centenar de venezolanos se movilizaban en el norte de la ciudad de Bogotá para demandar los derechos y condiciones de los que ya todos los venezolanos, para ese momento, estábamos perfectamente enterados.

Un tanto complicado imaginarme más ajeno a toda identidad nacional que en una situación como la de tener que ejercer la voluntad cívica siendo extranjero en otro país, nuestro gentilicio haciéndose notar como demócratas en otra tierra que no es la nuestra. A pesar de que habrá miles de países, estados y ciudades que conformen una distancia cultural mucho más marcada que la de la fronteriza Colombia, la verdad es que sigue siendo ajena a Venezuela, desde otra arquitectura hasta otra entonación del castellano, es simplemente otro suelo.

En el plebiscito que juntó a tantos ciudadanos −no solo asentados en Venezuela, sino residentes en diferentes regiones del globo− , lo que fue más sencillo de notar no fue precisamente esa comunión patriótica de la que todos estuvieron (y están) orgullosos. Es ese tipo de presencia internacional que tanto le hace ilusión a cada hombre o madre de familia en una charla de domingo por la tarde con sus hijos, el goce de sentirse objeto de interés.

Más allá de eso, lo que se tuvo presente es que algunos de los factores que nos identifican y atan actualmente son el padecimiento de espectros como la injusticia, la victimización, el despotismo, la corrupción, el hambre, el temor provocado por las mismas acciones de los órganos responsables de la seguridad nacional (absurdo), la desconfianza total de cualquier dirigente político −sea del polo que sea− y la total pérdida de los valores y derechos humanos. En un momento se nos llamó “La Pequeña Venecia”, bastante nos agrada recordarlo, ahora estamos más cerca de etiquetarnos como “La Baja Somalia”, solo cerca.

Hasta ahora no he argumentado nada nuevo, incluso la lista podría continuar, pero es innecesario enlistar lo demás, el punto es que, según mi criterio, es importante hacerse preguntas como ¿cuántas personas, si quiera, conocían el propósito de una medida como el plebiscito?

Estamos creando consciencia colectiva sobre acciones jurídicas por las razones equivocadas, nos encontramos en un proceso de mayor conocimiento e intimidad para con nuestros pares por razones extraordinarias y, reitero, equivocadas, o cuando menos, desfavorables, negativas, etc.

Una coyuntura que nos integra desde la indignación hasta la burla, siendo esto último lo más fácil cuando presenciamos, por ejemplo, cosas como que el candidato sesenta y tres a la Asamblea Nacional Constituyente está tratando de ganarse al pueblo en un video cuya introducción es su persona cruzando un paso peatonal frente a un semáforo en rojo, cantando esa canción de propaganda oficialista tan inexplicablemente pegajosa y producida por alguien al que seguramente le iría de maravilla trabajando junto a los grandes del pop. Hablo del candidato Antonio León del Sector Comunas −conocido en el bajo mundo como “La Máscara”, posiblemente tío padrino del sujeto que trató de apuñalarte la semana pasada en el Bus Caracas−, cuya propuesta es optimizar la distribución de la casi limosna (o bolsas CLAP), usando la estrategia tan efectiva de fiarlas, es difícil predecir las propuestas de otros candidatos si tan solo has conocido la antes mencionada, ¿qué será lo siguiente?, ¿repartir yoyos en las colas del mercado a las amas de casa para que sobrelleven el estrés a las tres de la mañana?, difícil de predecir.

Nuestros nuevos símbolos son bufones y cínicos, estafadores y comediantes, gente que se mueve en la calle con la misma cantidad de incertidumbre con respecto a lo que está pasando que la de cualquiera en nuestros zapatos, con la diferencia de que les alcanza el capital para, en caso de requerirlo, “salirse del charco”. La situación socio-política de Venezuela se ha rebajado a nada más que un teatro, donde lo único que nos mantiene unidos es que el espectador de al lado debe sentarse junto a tu asiento por compromiso y quizá comentarte algo ingenioso sobre cómo piensa que será el siguiente interludio.

 

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