Domingos Criollos: Un chigüire no es un perro

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Por Juan Briceño

Para la construcción o reconstrucción de un país hacen falta todos. No basta con que un grupo de la sociedad pretenda hacerlo, es necesario que entendamos nuestro propio estancamiento como sociedad y que empecemos a movernos más allá de los líderes y la discordia.

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Hace falta que las familias polarizadas se pongan de acuerdo, y que el pobre pueda ver más allá del barrio, pero también que pueda empezar a pensar en cómo se configura y cómo se acomoda esa realidad del barrio.

“¡Qué idealismo!”, se me dirá. Y sí, se es idealista, y hay que serlo para empezar a cambiar las cosas. Pero esto sin ignorar lo que pasa: no se puede encerrar al mundo en una idea esperando que el mundo se adapte a esa idea, sino que hay que ver el mundo y pensar sobre el mundo.

Entonces hay que volver al tema de la identidad. ¿Por qué? Porque hemos vivido el país, incluso antes de la independencia, con ideas falsas. Los españoles llegaron y dijeron: Esta vaina (que luego se llamaría Venezuela) son indiecitos y salvajes, es flojera y atraso. Y desde entonces nos impusieron unas ideas con las que empezamos a definirnos a nosotros mismos.

Luego vino Bolívar y con la independencia corrió a los españoles y le abrió cancha a nuevas ideas importadas también de Europa. Venezuela, entonces, tenía que ser como los franceses, teníamos que adaptarnos a la democracia de Rousseau, a la libertad, la fraternidad y la igualdad. 

Luego vinieron una serie de gobernantes que sobrellevarían la pobreza hasta que explotara en el país la economía petrolera que empezaría con Juan Vicente Gómez, quien como todo buen dictador, impondría conceptos, pero con él también nacerían un montón de pensadores de oposición como Gallegos, que dirían cosas como: Venezuela se divide en bárbaros y civiles.

Son ideas que arrastramos hasta la actualidad. Son maneras de pensar y concebir el país que no nos dejan vernos a nosotros mismos como somos. Somos esto porque un pensador europeo que jamás puso un pie en América dijo que las sociedades eran eso. O porque un griego, en el siglo V antes de cristo, dijo que eso éramos los hombres (con todo el respeto que le tengo a los griegos).

No se me mal entienda, estas son buenas ideas, brillantes, bellísimas de leer, el problema es que no se adaptan a nosotros. Es como intentar definir a un chigüire con el molde de un perro nada más porque ambos animales tienen cuatro patas y son peludos. Está mal, un chigüire no es un perro, y un venezolano es cosa distinta a un europeo o un griego.

De nuevo, tendríamos que empezar por vernos a la cara o por montar ese espejo gigante que tanto anhelo para empezar a ver qué somos. Peor aún, tendríamos que empezar por reconocer que no sabemos lo que somos y que en varios siglos de historia hemos ido caminando en una dirección equivocada.

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