Domingos Criollos: La piedra de la discordia

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Foto: María Cecilia Peña

Por José R. Camacho K.

Vivimos momentos lúgubres en la historia de nuestro país. La democracia ha sido sepultada. Las instituciones están siendo eliminadas. La represión desmedida sofoca las manifestaciones de calle. Millones de personas pasan hambre todos los días. Miles de enfermos no consiguen medicamentos. El dólar paralelo aumenta en la medida que Diosdado y sus cómplices ven crecer sus ingresos. La desesperación y el desaliento se han vuelto compañeros fatales del venezolano que, hasta hace poco optimista, sigue buscando un rayo de esperanza a cada momento. En situaciones como éstas, donde nuestro diario vivir se ve tan violentamente alterado, es casi normal hablar y juzgar desde la emocionalidad y no desde la racionalidad.

Desde que hace unos días Ramos Allup y otros políticos de la MUD anunciaran la decisión de inscribir candidatos para las elecciones regionales, las redes sociales se han convertido en un maremágnum de acusaciones, insultos y discusiones. Y es que, ciertamente, el mensaje dado fue equivocado.

No se puede pretender que, luego de haber llamado a la calle sin retorno, al desconocimiento del gobierno y la desobediencia civil, y después de haber denunciado el proceso de la Constituyente como un fraude electoral, anuncien que vamos a ir a unas elecciones con esas mismas autoridades y la gente lo vea con buenos ojos. Es un mensaje incoherente que causa rechazo, frustración, desánimo.

Sin embargo, a veces no analizamos el panorama completo. En ocasiones hay que hacer de tripas corazón y ver el cuadro más amplio. ¿Qué gana la oposición con inscribirse para las regionales? Probablemente, nada. El régimen de Maduro hará lo posible por evitar esas elecciones. Si se dan, la oposición las ganará, pues se ha demostrado que el fraude es posible cuando no hay testigos ni otros observadores. Pero surgirán gobernaciones paralelas, y los candidatos electos serán perseguidos y despojados de esa pequeña cuota de poder.

Ahora, ¿qué pasa si el gobierno va sólo a dichas elecciones? Ese será el evento electorero donde se terminen de destruir las pocas instituciones con las que contamos. Pero no sólo eso. También habremos abandonado la lucha en uno de nuestros baluartes más importantes: la defensa de la Constitución. Pues si bien es cierto que las regionales han sido utilizadas como un haz bajo la manga del gobierno para distraernos del fraude de la Constituyente, las mismas están establecidas en nuestra Carta Magna.

¿Qué debe hacer la oposición? Medir bien no solo cuál es la opción menos riesgosa, sino crear una estrategia compartida que le permita anticiparse a las acciones de la dictadura. Nos encontramos sobre un gran lago congelado, en el cual la más mínima movida puede significar el resquebrajamiento total, pero en donde la inamovilidad resultará fatal.

También hay que entender que no es un solo movimiento, sino una combinación de los mismos, lo que nos puede hacer salir adelante. Hay que reinventarse y arriesgarse, pero juntos. No existe un manual ni una fórmula para salir de una dictadura. Quizás la combinación de calle, presión internacional y elecciones puedan resultar. Abandonar uno de esos terrenos puede añadir un mayor riesgo (o disminuirlo, no sabemos).

La verdadera piedra de la discordia de la oposición no son las elecciones regionales, sino el no tener objetivos en común ni estrategias compartidas. Es necesario para los políticos ponerse de acuerdo, dar mensajes coherentes, generar confianza en la gente. Es deber de la ciudadanía no caer en el juego de la desinformación ni de los juicios apresurados. La confrontación entre nosotros sólo alimenta al contrario.

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