Domingos Criollos: Se busca un mesías

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Por José R. Camacho K

4 de febrero de 1992. 6 de agosto de 2017. 25 años separan ambas fechas. Tiempos distintos, circunstancias diferentes, desenlaces aún por definirse, pero hechos similares. Un ciclo, un karma para quienes creemos en eso, se generó la madrugada de aquel martes 4 de febrero, que aún no termina de cerrarse.

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Hace ya un cuarto de siglo, existía en el país una crisis decadente. La inflación golpeaba los bolsillos de los venezolanos, los niveles de miseria aumentaban, la vida se hacía difícil para aquellos que no contaban con suficientes recursos. Los políticos de entonces, con su democracia representativa, no lograron resolver los problemas y la gente se encontraba desesperanzada.

Fue entonces cuando surgió Chávez con su golpe de Estado con sus ideales revolucionarios, sus promesas de destruir lo viejo, para sobre ello fundar “la patria nueva, del hombre nuevo”. Un militar carismático, caudillista,  nacido del “pueblo mesmo”, que supo hacer contacto con los estratos más desfavorecidos de la sociedad haciéndoles promesas utópicas.

Chávez representó la antipolítica, y logró enamorar a buena parte del pueblo venezolano. En una noche pasó de ser un teniente coronel desconocido, al líder eterno de la revolución. Un hombre totalitarista, amado por unos, pero odiado por otros. En 20 años de perpetuarse en el poder, destruyó las instituciones democráticas, y terminó de quebrar la economía de un país antes considerado como uno de los más ricos del continente. Su sucesor Maduro, siguió el legado de su padre político y, con base en promesas populistas, y acciones autoritarias, siguió aumentando los niveles de miseria, inseguridad, desabastecimiento. Lo único que él no tiene el carisma, y el capital político de su antecesor.

25 años después, buena parte de la sociedad civil, que rechaza categóricamente al régimen actual y se ve decepcionada por el actual de los políticos en general, quienes no saben encontrar una salida a la debacle, se emociona porque un grupo de militares, al mando de un capitán Caguaripano, prometió poner fin al status quo actual. A muchos les entró un fresquito al ver al grupo de uniformados dándoles un ultimátum a quienes hoy abusan del poder. En el virtual mundo de las redes sociales, muchos se congratulaban, e incluso se especuló sobre alzamiento en otras bases en apoyo al valiente militar.

Semanas antes fue tendencia mundial un inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas por disparar contra instancias gubernamentales desde un helicóptero, quien mostró un letrero instando a la rebelión y sacó un video que se convirtió viral en redes sociales. Óscar Pérez se volvió leyenda. No faltaron quienes pusieran en sus  perfiles al también actor.

La ilusión de un caudillo que rescate a Venezuela de todos sus males aún sigue viva en el imaginario colectivo de una sociedad tan novelesca como la venezolana. Pero ellos no son más que eso, una fantasía, un sueño que se puede convertir en pesadilla. Para recuperar a nuestro país hace falta mucho más que eso.

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