El fin de los petrodólares

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Por Emanuel Mosquera

El gobierno venezolano anunciaba recientemente la posibilidad de comenzar a vender crudo en divisas diferentes al dólar. Una medida política que genera gritos despavoridos en ciertos sectores que se mantienen a la espera de las posibles consecuencias de este tipo de anuncios. “El dólar es nuestra moneda, pero el problema es de ustedes” dijo una vez el exsecretario del Tesoro estadounidense, John Connelly, por allá por 1971.

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Es innegable que el rol del dólar como moneda representa un quebradero de cabeza para los economistas en la actualidad, y el negocio petrolero es una masa de dólares moviéndose a gran velocidad. Los famosos “petrodólares” son un viejo conocido en Venezuela, desde los tiempos de Juan Vicente Gómez, pasando por la Venezuela Saudita de Carlos Andrés Pérez y los años dorados de la revolución de Hugo Chávez. Hoy, el reto es distinto: alejar al dólar del centro de gravitación de nuestra economía.

Sin embargo, la realidad es tozuda. La decisión de Venezuela no debe sorprender a nadie ya que, desde el año pasado, un gigante petrolero como Rusia había rechazado la cotización de su cesta petrolera en dólares y había ofrecido la posibilidad de que esta se cotizara en rublos. Irán también había manifestado su interés de vender petróleo en moneda local y China viene pujando por establecer su propia tasa de referencia en el mercado.

Venezuela ¿Un país que se aleja de Occidente?

Aunque en un mundo cada vez más globalizado, hablar de Oriente y Occidente pudiera resultar anacrónico, es imposible negar la influencia que han tenido los países asiáticos en el mercado mundial. China, India y Rusia (aunque este último es una suerte de bisagra entre Europa y Asia) son importantes referentes en la actualidad. Una de cada tres personas en el mundo vive en alguno de estos tres países y juntos suman el 20% de la superficie habitable en el planeta.

El mundo comienza a arrojar miradas más profundas hacia nuestros semejantes asiáticos y la economía no puede estar exenta de su influencia como mercados. Aunque de las 165 clases de monedas existentes en el mundo, sólo 11 gozan de libre convertibilidad, el yuan chino y el rublo ruso luchan por hacerse un espacio.

Esto significa, entre otras cosas, que si Venezuela se intenta alejar del dólar para comerciar en rublos y yuanes se verá atado de manos con aquellos países que no acepten ni el rublo ni el yuan como método de pago. Lamentablemente son pocos los países, fuera de la órbita sino-soviética, que están dispuestos a recibir yuanes y rublos a cambio de algún bien.

El escenario luce muy claro: Venezuela intensificará su relación comercial con China y Rusia, el dólar seguirá siendo una opción para comerciar con los países occidentales pero al no poder vender o intercambiar los rublos y yuanes (producto de la venta de petróleo) con otros países, deberá ahorrarlos (a modo de reservas internacionales) o gastarlo en la compra de bienes fabricados en estos países. De estas dos divisas, el Fondo Monetario Internacional sólo reconoce al yuan como moneda de reserva.

Las interrogantes no tendrían fin en un artículo de tan poca extensión como éste, pero vale la pena preguntarse: ¿Estamos creando nuestra propia burbuja fuera de la realidad? Sería muy atrevido dudar del potencial de estos países asiáticos pero hasta que su incorporación no sea plena en los mercados mundiales, Venezuela estará en una suerte de triángulo comercial con sus amigos.

Venezuela debe rescatar su industria petrolera

Mas allá de la decisión de vender petróleo en yuanes, rublos, dólares o rupias el centro del asunto consiste en rescatar la industria petrolera venezolana. Si bien Venezuela se ha visto fuertemente comprometida con los recortes de producción de la OPEP, en la actualidad produce más de 1 millón de barriles diarios menos que hace 18 años. Esta cifra no pareciera ser alarmante para países como Arabia Saudita, pero para Venezuela que producía aproximadamente 3.200.000 de barriles diarios significó ver mermar su producción en más del 35%.

El sector petrolero es una de las áreas que requiere de las mayores inversiones de capital en el mundo, sea en dólares, yuanes o rublos. Venezuela dilapidó completamente la abundante riqueza proveniente del ingreso petrolero durante los últimos 40 años, a la vez que su producción y capacidad de refinación (recordemos que las reservas de crudo venezolanas son pesadas y extra pesadas en su mayoría, por lo tanto, necesitan refinarse) han caído drásticamente.

Los petrodólares parecieran esfumarse por dos razones: porque la producción baja y el petróleo no tiene el precio que deseamos, y porque Venezuela quiere vender petróleo en otra moneda diferente al dólar. Aunque esto último es como decir que ahora no queremos que nos paguen con manzanas sino con peras, pronto oiremos hablar de los “petroyuanes” y los “petrorublos” si finalmente Venezuela logra un acuerdo con estos dos países.

Resulta asombroso como cada vez más Venezuela no se explica sin la presencia del mercado petrolero ruso y busca alzarse en los hombros de sus dos grandes aliados: China y Rusia. La experiencia nos ha enseñado que la dependencia es cuanto menos preocupante y más cuando nuestros aliados están a miles de kilómetros. Es como que si se nos estuviera quemando la casa y llamásemos a los bomberos que están en el polo norte para que nos auxiliasen.

Venezuela debe rescatar su industria petrolera y comenzar a mirar el petróleo no como el centro de su economía, sino como una parte “importante” de ella. Si comenzamos a vender petróleo en yuanes y rublos, no estaría demás ser conscientes de que los monopolios siempre son perjudiciales ¿Buscamos salir de la dictadura de los petrodólares para entregarnos a la dictadura de los petroyuanes o los petrorublos? He ahí el detalle, diría el gran Mario Moreno “Cantinflas”.


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