Fragmentos: “El gran hermano te vigila”, 1984

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A los venezolanos nos vigila nuestro propio gran hermano. La imagen de Chávez se nos ha hecho tan cotidiana, tan propia. En la entrada de cualquier pueblo del interior del país, en paquetes de comida, mercados, paredes, franelas, vallas, panfletos, pancartas, aeropuertos, barriadas, instituciones, tatuajes y en donde se nos ocurra. 

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Es preocupante lo cotidiano de su presencia en cada lugar, en cada momento, pero se ha naturalizado tanto que ya ni lo notamos ni nos preocupa. De ahí la importancia de este fragmento de 1984, de George Orwell, una de las más afamadas distopías de la literatura donde alerta sobre temas como la vigilancia, la neolengua y el control por parte de un ente único. Un texto recomendado para pensar en Venezuela.

A continuación te presentamos el fragmento de la novela de Orwell:


Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él. El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de várices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.

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