Fragmentos: La revolución sentimental, Venezuela vista desde ojos extranjeros

Viaje periodístico por la Venezuela de Chávez

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Beatriz Lecumberri, actualemnte en Jerusalen, dirigió durante varios años la oficina de la agencia France Presse (AFP) en Venezuela. Como periodista extranjera, le tocó ver y comprender un país completamente ajeno, pero que no dejaba de impresionarla por sus exaltaciones políticas. Un país relativamente pequeño, al norte del sur, que se había hecho escuchar a través de una de sus figuras más controversiales: Hugo Chávez.

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Sobre ese país escribe Lecumberri, quien en el 2012 publicó su crónica La Revolución Sentimental, en donde recopila historias de muchos venezolanos y poco a poco va exponiendo su visión sobre el tema, dejando como resultado el retrato de un momento del país.

Bastante lamentó, por ejemplo, no haber podido extender su crónica hasta la muerte del expresidente, o haber podido quedarse a ver lo que pasaría después. Sin embargo, hay mucho que rescatar de ese viaje periodístico por la Venezuela de Chávez, y por eso aquí te mostramos un fragmento del texto:


UNA FOTOGRAFÍA GIGANTE DE HUGO CHÁVEZ, vestido de rojo y con el dedo índice levantado, con un gesto casi amenazador, recibe al recién llegado al aeropuerto internacional Simón Bolívar, a las afueras de Caracas.

“Venezuela se liberó y lo hizo para siempre. Hugo Chávez Frías”, se lee debajo de la imagen.

La he visto varias veces en el último año y medio, pero esta vez me impresiona especialmente. Me encuentro sumergida en una fila de espera interminable para sellar mi pasaporte, estoy rodeada de familias chinas que acaban de desembarcar en el aeropuerto y no puedo evitar que mi vista se dirija una y otra vez al rostro del líder de la revolución bolivariana.

La buena noticia que late tras el mensaje suena a severa advertencia. ¿Es Venezuela hoy más libre que hace algunos años? ¿Se sienten los venezolanos en el 2012 más independientes? Comentando con varios amigos lo impresionante que me resultaba esta fotografía inmensa de Chávez, que era la primera imagen de Venezuela que recibían muchos visitantes, comprobé que la mayoría ni siquiera se había percatado de su existencia. Nunca la habían visto o simplemente habían dejado de mirarla.

Después de 13 años de mando y con una presencia casi diaria en los medios de comunicación, Chávez forma parte de la vida de todos los venezolanos, se ha colado en su existencia cotidiana y provoca en ellos sentimientos extremos, pero igualmente intensos. De la rendida idolatría a la más profunda y dolorosa desilusión.

En 2012, Venezuela parece, a los ojos del extranjero que desembarca en Caracas, un país roto en dos mitades separadas por un abismo político. Sobre ellas reina Hugo Chávez, conocido en el mundo entero y sobre el que se han escrito centenares de páginas y sin duda se escribirán muchas más.

En el recién llegado, el presidente venezolano produce una especie de adicción. Cuanto más sabe, más se quiere saber sobre él: quién es realmente, cómo vive, en quién confía, con quién disfruta conversando, cómo toma sus decisiones, a quién ama desinteresadamente, con qué sueña o hasta dónde está dispuesto a llegar en la búsqueda de ese sueño. Las preguntas se multiplican y chocan a menudo con una puerta cerrada a cal y canto. Detrás, está el mundo verdadero e insondable de Hugo Chávez. Y ese misterio que le rodea engrandece el mito más y más.

Durante casi cuatro años como corresponsal de la agencia de noticias France Presse (AFP) en Venezuela, Hugo Chávez fue también mi gran obsesión y la razón que justificaba mi presencia en Caracas. Escucharlo, adivinarlo, acompañarlo, interpretarlo y esperarlo se convirtieron en mis actividades principales.

Mucho se publica, se habla, se sabe o elucubra sobre Hugo Chávez, pero poco se conoce del país que hay tras él, de los 28 millones de venezolanos que viven en la cuna de la revolución bolivariana.

Un lunes por la mañana cualquiera del 2010, a las puertas de la morgue de Caracas conocí a Olga Romero, una mujer que se ganaba la vida preparando a domicilio los cadáveres de personas asesinadas que las funerarias ordinarias rechazan por razones de seguridad. Concentraba en su persona todo el drama de la cruda violencia del país y se convirtió a mis ojos en una historia extraordinaria que merecía ser contada. Ella fue el primer eslabón de un proceso inesperado que con el paso de los meses fue tomando forma y adquiriendo fuerza: ¿Cómo son los venezolanos en la era de Chávez? ¿Cómo se traducen en sus vidas las decisiones que toma el Presidente? ¿Cómo viven el día a día de esta revolución bolivariana? ¿Por qué quieren u odian al jefe de Estado? ¿Qué país desean para sus hijos o qué les impide dormir?

(…)

En el momento de terminar estas crónicas, en abril de 2012, el agitado clima preelectoral de cara a los comicios presidenciales de octubre de este mismo año y las dudas acrecentadas por el cáncer que sufre Hugo Chávez hacían difícil poner la palabra FIN. Las historias humanas extraordinarias podrían ser muchísimas, mientras la de Venezuela sigue escribiéndose cada día de manera trepidante.

Mi aspiración, sin duda ambiciosa y tal vez hasta ilusa, es que estas páginas contribuyan al esfuerzo de muchos venezolanos por derrumbar una barrera invisible que les impide verse y respetarse.

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