La constituyente petrolera

La consulta que se realizará el próximo 30 de julio podría cambiar el sino venezolano definitivamente. La desinformación en el tema petrolero sigue siendo la gran protagonista. Pero hay resistencia. Una nación y su industria petrolera están en juego.

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Foto: Referencial.

Por Emanuel Mosquera

Nuestro país atraviesa uno de los períodos más significativos de su reciente historia política. Se trata de un modelo socioeconómico en disputa, una sociedad fragmentada que desea renacer de las cenizas, que se busca a sí misma, que por ahora no se encuentra. La venidera consulta para la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es quizá el tema más polémico de las últimas semanas. No obstante, ante la ausencia de un riguroso debate que explique los alcances de este proyecto político se teje una realidad que puede sonar ajena a muchos: el tema petrolero.

La extraña costumbre que nos lleva a vivir alejados de la realidad de nuestra principal fuente de ingresos es, cuanto menos, alarmante. Sería pernicioso asegurar que nuestra conducta se debe una falta de interés por parte de la ciudadanía, pareciera ser más diplomático afirmar que es producto de una falta de información respecto al tema. El debate petrolero sigue siendo el gran ausente en las tertulias mediáticas, y no sólo en estos espacios, también en nuestra cotidianidad ¿Cuántos de nosotros nos hemos sentado un momento a hablar del tema petrolero en Venezuela? En fin, la constituyente buscará cambiar drásticamente las reglas del juego político y el mercado de los hidrocarburos tiene su cuota de participación. Nadie pareciera inmutarse.

La “constituyente petrolera” busca modificar la forma bajo la cual PDVSA se asocia en las denominadas empresas mixtas de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO). Sin embargo, vamos por partes. Las empresas mixtas de la FPO se refieren a aquellas empresas donde PDVSA posee una participación accionaria (un porcentaje) en un determinado campo de explotación petrolera. Es decir, PDVSA se asocia con otras empresas de diversos lugares del mundo (en la actualidad hay desde empresas estadounidenses hasta vietnamitas, pasando por cubanas y bielorrusas) para extraer petróleo.

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La historia nos grita constantemente…

La propuesta comunicacional de la constituyente petrolera ha sido elaborada bajo la premisa de “nacionalizar definitivamente” el petróleo venezolano. Nada más lejos de la realidad. Desde el famoso decreto del 29 de agosto de 1975 -con el que Carlos Andrés Pérez intentó nacionalizar la industria petrolera-, Venezuela sigue encapsulada en la retórica mesiánica de la tan anhelada “verdadera nacionalización” de sus recursos. La evidencia histórica nos demuestra que más allá de una nacionalización de la industria petrolera, se ha generado un perverso proceso de “gubernamentalización” del petróleo, que la constituyente busca ratificar y extender en su vigencia. Es decir, la historia nos grita constantemente y pareciésemos estar negados a escucharle. Las variables geopolíticas no pueden estar exentas en este proceso argumentativo, pero ¿Qué ha sido de Venezuela después de aquel enero de 1976? Muchas serán las respuestas, pero no menos serán las interrogantes que aún quedan sin resolver.

Abrazar la idea de nuestra industria petrolera como un gran coloso que debe disponer de todo cuanto le sea posible para competir en el mercado de los hidrocarburos es una historia propia de la literatura fantástica. Durante los años 90, intentamos abandonar esta suerte de mantra gracias a la “Apertura Petrolera”, lamentablemente las decisiones que se tomaron en aquella época no fueron las acertadas dentro del contexto político. Hoy nos encontramos al otro lado del tablero, el Estado desea manejar PDVSA a su total discreción, algo que, por deducción, implica controlar de manera efectiva al país, puesto que hablar de PDVSA es hablar de Venezuela.

Un aspecto destacable de la constituyente petrolera es que, debido a las políticas que ha venido implementado el gobierno venezolano durante estos últimos años (lejos de discutir si han sido acertadas o erróneas) aproximadamente el 60% de la producción diaria de petróleo en Venezuela se concentra en las empresas mixtas de la FPO. Esto significa que, si el Estado logra controlar las empresas mixtas de la FPO, podríamos estar a punto de ver como el gobierno logra asestar un golpe mortal para controlar totalmente la producción petrolera venezolana.

No obstante, esta posición no debe asombrar a nadie. Desde la retórica oficialista se ha venido denunciado constantemente la necesidad de Venezuela de “apropiarse definitivamente de sus recursos petroleros” por un tema de “soberanía” y en una lucha contra el “lobby petrolero internacional” que “quiere apoderarse de nuestro país”.

Evidentemente, la constituyente petrolera más allá del componente económico reviste un carácter político, ya que ahora PDVSA buscará tener el derecho a decidir con quien países deberá asociarse y con cuáles no, por “motivos geopolíticos”. Lentamente se está creando el espacio perfecto para “blindar a Venezuela de las amenazas imperiales”. Ver para creer ya decía el bueno de Dídimo.

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Y la cosa se pondrá mejor…

La constituyente petrolera buscará realizar una profunda transformación en los artículos 302 y 303 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (no estaría demás volverlos a leer) e implica la posibilidad de “eliminar cualquier posibilidad de privatización dentro de la industria petrolera” según las declaraciones textuales de los propios candidatos. ¿Podrá PDVSA y el gobierno venezolano hacer funcionar una industria que amerita la inversión de cuantiosos recursos sin la participación de agentes privados? Toca revisar aquel olvidado decreto 5.200, de febrero de 2007, donde ya el expresidente Hugo Chávez dejaba entrever cual sería la política que aplicaría su gobierno respecto al tema petrolero.

La ANC sin duda será un espacio que no estará exento de controversias, por ahora, lo único palpable pareciese ser que la reforma constitucional a los “artículos petroleros” tiene que ir ¿Hacia dónde se dirige ese barco? El elefante se nos metió en el cuarto. Sin embargo, las últimas medidas de la directiva de PDVSA han apuntalado en la dirección contraria al escenario esperado por la ANC. La decisión de crear más y mejores lazos estratégicos con Rusia y China para incrementar su participación en el negocio petrolero ha sido tan importante para la administración actual, que inclusive ha motivado a la toma de medidas de diversa índole, quizá la más recordada últimamente se deba a la tensión política que surgió de aquel polémico decreto del TSJ que logró apropiarse de funciones pertenecientes a la Asamblea Nacional en búsqueda de afianzar las relaciones entre PDVSA y Rosneft.

El sector oficialista -dirían nuestros abuelos- “se juega a Rosalinda” con una propuesta constituyente que carece de comunicación efectiva, tímida y dispersa, de carácter legal dubitativo y tristemente banalizada, quizá producto de la deformada agenda informativa presente entre nuestra incipiente cultura política. Se necesitan generar más espacios, impera romper el cerco (des)informativo y comenzar a involucrarnos más como individuos activos en nuestra sociedad. De no ser así, la constituyente petrolera será un “juego de niños” con lo que está por venir en los próximos años, más nos han dominado por nuestras ganas de seguir en la ignorancia que por las armas. Leer ya no es un pasatiempo, es el mayor acto de rebeldía que pueda existir.

Venezuela vive un período de transformación histórica que puede derivar en dos caminos muy diferentes entre sí. La ANC podría cambiar el juego rotundamente y el tema petrolero tendrá un papel protagónico en esta obra dramática ¿Cómo podrá enamorar PDVSA a sus socios de Rusia y China mientras se está desarrollando un proceso constituyente que busca seguir afianzando el control gubernamental sobre las empresas mixtas de la FPO? ¿Podrán las voces que denuncian una “conspiración del lobby petrolero internacional” imponer su tesis sobre el tema petrolero? ¿Existe una matriz mediática que busca generar pánico y zozobra en la población y en los inversionistas en el área petrolera? La historia económica nos ha demostrado que los intentos latinoamericanos de crear un modelo sociopolítico donde el Estado se apropie de sus medios de producción es un camino laberíntico que conlleva una serie de grandes retos y dificultades, lo vimos en el Chile de Allende, en la Cuba de Fidel. No es una discusión teórica, ya pasa a ser una situación empírica. Como dice el bueno de Rafael Gallegos: “¿Y Entonces? Pilas y guáramo son nuestras primeras necesidades”.

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