La crisis del liderazgo político venezolano

El rechazo al gobierno no es una declaración de obediencia hacia la MUD, mucho menos un cheque en blanco de confianza

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Fotografía: Inés López.

Por Jesús Morales

Hacer política en Venezuela es estar en una posición bastante precaria. En las semanas que han seguido al 16 y 30 de julio las críticas contra la oposición se han incrementado. Aunque a veces desmedidas, estas críticas son en muchos casos una respuesta justificada de parte del pueblo. La situación política del país sigue deteriorándose y esto es así porque hay algo que no está funcionando. No hay poder de convocatoria y ese es el signo más dramático de la crisis del liderazgo político. Resulta imposible para cualquier político trabajar sin la confianza de quienes lo respaldan, no hay respaldo si la gente no te escucha y, seamos sinceros, la gente no está escuchando a los autonombrados “líderes” de la Mesa de la Unidad.

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Una opinión cada vez más frecuente en el público es que ya no queda nada por hacer, que se perdió todo y que la MUD no sirve para nada. Esto se lo pueden preguntar a cualquier persona que vean despidiéndose en Maiquetía. Muchos se van porque las opciones son irse o quedarse para más de lo mismo. Estos argumentos son debatibles pero, sin olvidar que el principal causante de la crisis social, política y humana del país es el gobierno; la oposición también necesita revisar las acciones que nos han conducido a este punto en donde la desesperanza y la negativa a participar es la tendencia principal entre los venezolanos. Este análisis se propone precisamente eso.

Hay dos tipos de fallas, las fallas políticas y las comunicacionales, la oposición ha cometido un poco de ambas. La primera ha sido un tremendo error de interpretación. Todos conocemos o hemos oído sobre un rechazo de 80% en contra del gobierno de Nicolás Maduro, este no es un chisme, varios sondeos demuestran este rechazo que en algunos casos asciende al 92%. No obstante, es ingenuo pensar que esta cifra por sí sola representa algo más de lo que es.

El rechazo al gobierno no es un cheque en blanco

El rechazo general hacia el gobierno, para el mes de junio según Datanálisis,  es de un 79,6%, hacia Nicolás Maduro es de 76,4% y la opinión generalizada de que la situación del país es mala es de 90,5%. Sin embargo, el rechazo hacia los líderes de oposición también es alto. De hecho, los 6 liderazgos más importantes de la MUD (Guevara, López, Capriles, Ramos Allup, Falcón y Borges) perciben un rechazo de 42,4% en promedio. Pero lo más importante es que desde un inicio se cometió el error de pensar que el rechazo hacia al gobierno era un salvoconducto para las acciones de la MUD, también fue un error presumir que ese 80% de la población actuaría de manera cohesionada o que al menos participaría en acciones de oposición al gobierno convocadas por la MUD.

La mayoría de los venezolanos, 61%, se considera independiente de los partidos políticos, sean de gobierno o de oposición. Así que el rechazo al gobierno no es una declaración de obediencia hacia la MUD, mucho menos un cheque en blanco de confianza. La confianza, si no se construye, se deteriora. En este sentido y después de varios meses de conflicto, de represión y 117 muertes, las declaraciones de Henry Ramos Allup del 2 de agosto diciendo que “Nunca hemos perdido la confianza del pueblo” demuestran una actitud bastante fuera de lugar.

La política nunca debe construirse exclusivamente desde el rechazo. La mayoría quiere salir del gobierno de Nicolás Maduro, pero aquí juega aquello de que “más vale malo conocido…”. Un error comunicacional importante es que las acciones políticas han sido convocadas exclusivamente en rechazo al gobierno y pensamos que esto es suficiente, no lo es. La gente puede temer que este gobierno sea perpetuo y que nunca salgan del poder, pero muchos viven dentro de un sistema en donde el gobierno es un actor fundamental, estas personas tienen otros miedos bastante sensatos.

La oposición no se opone

A un nivel esencial, las apuestas sobre el destino de Venezuela son altas para un gran número de personas. La bolsa del Clap podrá ser “esclapvitud” pero no recibirla pone en una difícil posición a muchas familias. La inseguridad es terrible y es un riesgo que todos vivimos, pero es fácil tener una percepción distorsionada de la justicia y la impunidad, si el “Pran” es tu vecino y ves como las bandas de tu barrio son más efectivas en custodiar tu seguridad que la misma policía. Entendemos que ambas cosas son acciones estratégicas del gobierno, pero lo que no se ve en el discurso de oposición es una alternativa de país en donde las necesidades, derechos y garantías de los ciudadanos sean protegidas.

Estas son solo algunas de las áreas en donde el gobierno juega solo sin oposición de ‘La Oposición’. Aspectos tan sensibles como alimentación, salud y seguridad son manejados de manera superficial en el mensaje de la MUD hacia el pueblo, dejando así cancha abierta para que el gobierno tome el monopolio. Ahora, sabemos que lo que el gobierno hace en estos aspectos está mal y es malintencionado, pero ¿Qué más hay? ¿Hemos pensado en una propuesta? mejor aún, ¿La hemos hecho saber? “El pueblo quiere cambio” pero hemos fallado en decirle cómo es ese cambio y en la mente de muchos solo significa cambio de inquilino en Miraflores; lo cual parece insuficiente.

Antes de continuar, debo decir que he discutido los dos puntos anteriores de manera extensa con muchos políticos. La respuesta de ellos en muchos casos es decir que sí se ha hecho, sí se ha dicho o que no es tan importante porque, nuevamente, “el pueblo lo que quiere es cambio”. Esto solo sirve para desestimar o minimizar la importancia de estas fallas, y nunca se debe desestimar el poder de las ideas, por más simples que parezcan, porque las ideas crecen. Ahora, cuando es tan difícil levantar el ánimo político del venezolano, debemos enfrentarnos a la noción generalizada de que el gobierno no representa al pueblo pero tampoco lo hace la MUD, y de que en términos sociales no existe una meta hacia la cual nos dirijamos más allá de un cambio de gobierno.

¿Qué le hace falta al liderazgo político?

Nos podemos poner a pensar en qué se necesita de un líder político venezolano. Podría resumirlo como visión, comunicación e inclusión. Todo esto se engloba en el acto más importante de la política, el “hablar” con el pueblo. Aquí se encuentra el núcleo de la crisis política actual y la clave para su solución.

La visión es un prerrequisito para un líder y en política aún más. Los venezolanos no siempre contamos con una formación cívica y política, entonces es indispensable que el político sepa lo que está haciendo, más aún, que sepa las razones fundamentales de por qué lo hace. Podemos gritar mil veces que queremos libertad, asimismo nos llamamos democráticos y acusamos al gobierno de injusto. Esas no son simples palabras. De hecho, la libertad representa la posibilidad de tener la mayor cantidad de derechos individuales sin perjudicar a otra persona; la democracia es un sistema para llegar a acuerdos y evitar las salidas violentas a los problemas y la justicia es el principio de poder regular las acciones de los ciudadanos sin que ninguno deba temer de otro.

Puede que el “venezolano de a pie” no sepa esto o quizá no sabe articularlo en tales palabras, pero el líder político debe saberlo. Más aún, de manera subconsciente se elige a una persona para guiarnos porque tiene esta capacidad, la visión de ver más allá de la superficialidad de las acciones del día a día. Salir, protestar, votar, participar, la pregunta es: ¿Por qué? Y La Oposición no puede darse el lujo de no saber la respuesta, menos aún de callarla.

Ciega, sorda y muda

Las acciones que toma la MUD suelen parecer incoherentes y esto nos ha costado mucho a nivel de participación popular, esta incoherencia se basa en que las acciones no se explican en principio y se cree que junto con el descontento, un volante es suficiente. El mejor ejemplo de tal incoherencia es llamar al 30 de julio “La batalla final”. Ahora cabe preguntarse ¿Cómo convocas a la gente? ¿Cómo justificas unas elecciones? ¿Cómo animas a participar en lo que sea? Si ya pasó la “batalla final” y el gobierno cínicamente declaró una victoria a todas luces fraudulenta.

Durante los últimos meses ha quedado claro que el gobierno deliberadamente ignora al pueblo, en respuesta la gente acude a la MUD, quienes deliberadamente o no, tampoco escuchan.

El 16 de julio se convocó a un acto de consulta para saber la opinión de todos los venezolanos en cuanto a tres preguntas, se suponía que la respuesta afirmativa de más de 7 millones de personas derivaría en una serie de acciones por parte de la Asamblea Nacional, acciones que no se llevaron a cabo en el momento adecuado. Este es un ejemplo de la falla en el uso de la democracia como medio de comunicación. La gente no está allí solo para atender, ni el liderazgo político es solo para hablar y que la gente acate y obedezca. Lo más fundamental en comunicación política es comprender que el pueblo también tiene voz, en especial en el caso de La Oposición venezolana, ya que su función no es ser el interlocutor frente al gobierno, sino ser el interlocutor del pueblo y aprender a escuchar.

En el proceso “hablar con el pueblo” hay una particularidad de los venezolanos. Durante 18 años el gobierno ha insistido en un proceso de exclusión para así hacerse ver como los únicos defensores del pueblo, de hecho, llegan a decir que el gobierno y el pueblo son uno mismo. Tan falso como esto pueda ser, tampoco hay un contradiscurso que lo desmienta. La convocatoria para la participación política en estos momentos de crisis no puede evadir el hecho de que la sociedad venezolana se encuentra dividida, polarizada y, en parte, alienada. Esto no tiene que ver con la afiliación política ni con la intención de voto, sino más bien con la forma en que vemos el país y como somos, lo que hacemos y como convivimos.

¿Superar la crisis?

La crisis del liderazgo político no es superable sin un discurso de verdadera inclusión. Es demasiado pedir que sectores enteros de la población pasen voluntariamente a ser invisibles de nuevo, no es aceptable y no es popular. Así que la MUD debe adaptar su lenguaje y su plan político para llegar, más allá del público de costumbre, a aquellos que no se sienten identificados. No se trata de que todos sigan la propuesta de La Oposición, sino que todos participen en la construcción de una propuesta de país, un país en el que todos podamos vernos representados. Ésta bien podría ser la demanda más esencial de todos los venezolanos, que Venezuela sea un país en el que yo pueda estar, ser y vivir.

Personalmente, no me opongo a las elecciones de gobernadores siempre que siga la actividad de calle, tampoco pienso que la MUD no deba negociar la salida del gobierno (si dichas negociaciones ocurren) siempre y cuando no haya impunidad. Es más, siempre que se trate de la libertad de Venezuela y de evitar más muertes, unos meses más no son un problema después de 18 años de opresión. Todas estas son decisiones políticas y como tal son decisiones difíciles que le pueden costar la carrera a cualquier político. Además, no siempre se puede saber si son decisiones acertadas o no. Pero el error es romper el hilo de comunicación con el pueblo, ignorar su voluntad o desestimar sus ideas y opiniones. Después de todo, la función de un líder político es escuchar al pueblo, quienes no siempre tendrán la razón, pero siempre deben ser atendidos.

Como ciudadano estoy claro que los procesos de cambio iniciados este año no se han acabado, que de alguna forma son indetenibles. También pienso que en comparación, antes y después de las protestas, el gobierno está más debilitado. Políticamente, la constituyente no es más que el último callejón sin salida en el que se metió el gobierno. Por otra parte, también debo admitir que el aparato político de La Oposición está por el suelo, que hay un trabajo enorme que hacer y que ese trabajo comienza por un cambio en la manera de hacer las cosas. Todo esto bajo el riesgo de que el pueblo busque a otros líderes o actúe por cuenta propia.

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