Lo jodido de ser criollo

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Por Daniel Luis

La pregunta no es quién, la pregunta es qué. Pregunta incómoda para los venezolanos. Cuando nos preguntamos qué es ser venezolano, empieza el desbarajuste de pensamiento.

Empezamos a llenar el vacío con lugares que nada dicen de nosotros: el venezolano es la hermosa llanura, el Salto Ángel, el páramo merideño, las playas y pare usted de contar. Pero qué puede decir de nosotros como venezolanos una imponente roca perdida en los confines del estado Bolívar, o un archipiélago a 180km al norte de Caracas. Nada.

El venezolano no se encuentra, el venezolano sufre, encontramos consuelo en la llamada viveza criolla. Por alguna razón encontramos la perspicacia y la flexibilidad que hacemos de la ley como una cualidad innata criolla. Renegamos de ella, la detestamos a conveniencia, pero en el fondo, y no podemos mentirnos, nos causa cierto regocijo, eso somos. ¿Eso somos?

Tenemos una identidad nacional amputada. Pero es que desde carajitos nos confunden: nos enseñan que Venezuela ha sido una nación de libertadores, de la Venezuela fundadora de las repúblicas suramericanas, de la Venezuela de los derechos supremos, del respeto a la ley, de una Venezuela que se fundó con los profundos valores democráticos y republicanos. Pero a su vez nos enseñan la épica libertaria como una hazaña en donde se resaltan los más profundos valores militaristas, donde el representante máximo del gentilicio (Bolívar) solo es visto como un militar, del centauro de los llanos acabando con españoles cual semidiós griego; la sangre derramada parece que es lo único que nos enaltece. Nunca se nos habla de nuestros civiles de la independencia, de los debates en los cuales se plateaba un país o del contenido de las constituciones, pareciera que nuestro civilismo reposa sobre las bayonetas; nuestra historia nos es contada como una gran contradicción. Pero la amputación se ha hecho institución, nos han construido una plaza Bolívar en cada rincón del país, cada municipio tiene su plaza Bolívar (además de presentar a Bolívar exclusivamente como militar). ¿Es que Venezuela no tiene otros venezolanos insignes a los cuales rendirles tributo? ¿Bolívar no ha sido adeco, copeyano, gomecista y ahora chavista? Inclusive tenemos una constitución “bolivariana”, ¿cómo se come eso? Vayamos aceptando el asunto, Bolívar no nos sirve como identidad. La identidad se construye. Entonces la pregunta nos asalta de nuevo: ¿Qué somos? pero aún no podemos responder.

Un polaco dijo alguna vez que el hombre es un animal simbólico, y que la mejor manera de entendernos es a través de los símbolos que construimos. El londinense no se pregunta qué es, el londinense ya sabe cómo tiene que ser. El londinense tiene el Big Ben, el tipo sabe que tiene que ser puntual, el Big Ben se lo recuerda. No nos vayamos tan lejos, en Latinoamérica tenemos un ejemplo claro: los mexicanos sienten una gran empatía por su pasado indígena, se sienten herederos de los indígenas, quieren ser vistos por el mundo como representantes de aquel pasado y de sus tradiciones. Nuestros indígenas también son motivo de orgullo, siempre y cuando se queden en su monte, “¿quién quiere a ese montón de indiecitos vagando por la ciudad?”, “¿no es mejor que conserven sus tradiciones en sus montes para que nosotros podamos ir a verlos cual museo viviente?”

Todos hemos escuchado cantar a Tío Simón hablando del carutal reverdeciendo ¿Cuántos de nosotros sabemos qué es un carutal?

Las sociedades construyen sus símbolos y ahora sus símbolos los hacen. Y si entonces nos preguntamos de nuevo: ¿Qué es ser criollo? Yo creo que la única respuesta que podríamos dar a coro unísono sería: ¡Yo no sé, pero es bien jodido!

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