Opinión: Otra vez con la revolución de marzo

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Por Emanuel Mosquera.

El “Monagato” fue una de las etapas más duras y difíciles del pasado siglo XIX, o al menos eso cuentan los libros. José Tadeo Monagas, otro de tantos liberales oportunistas que pulularon por nuestra historia, había sumido al país en un eminente caos social, político y económico.

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Curioso pensar que hace 160 años (1857), Caracas y las principales ciudades de nuestro país vivían una escasez de bienes desbordada, el flujo monetario venía cayendo en picada, la deuda interna no paraba de crecer, nuestros productos no eran tan competitivos en el exterior por la caída de los precios en las materias primas y la economía se resentía cada vez más.

A esta bomba de tiempo debemos sumarle que las leyes que en un principio fueron diseñadas para proteger a los más pobres, como la Ley Agraria de 1848, terminó obrando en función de los más poderosos, casualmente, los familiares y amigos de Monagas. Así empezó a mostrar signos de agotamiento este modelo cuasi-monárquico que, pese a la Constituyente de 1857, no pudo evitar la llegada de la revolución de marzo de 1858.

Conocer nuestra historia es como hojear un álbum de fotos, nos damos cuenta como era nuestra vida hace un tiempo atrás, incluso cuando éramos más jóvenes y “la vida era una sola”. Pero la historia es caprichosa, obra de manera elíptica dicen los más sabios. Uno pudiera pensar que la revolución de marzo llegó para hacer justicia. ¡Acabar con la escasez! ¡Recuperar la economía! ¡Fuera el tirano de Monagas! Lamentablemente todo fue un sueño de primavera.

Julián Castro, líder de la revolución de marzo, fue de esos personajes que muy joven se enteró que: “el mundo era de los más vivos” y procedió con esta consigna para hacerse con el poder. El leal capitán Castro había derrocado al todopoderoso Monagas y así se consumaba la primera revolución que había depuesto a un presidente del poder.

Los más humildes sabemos por experiencia que las cosas de mala calidad tienden a durar poco y así le sucedió a Castro. La revolución de marzo cumplió con ese viejo dicho: “peor resultó el remedio que la enfermedad” y cuando logramos librarnos de Monagas en marzo 1858, en menos de un año estalló el conflicto más importante de nuestro belicoso siglo XIX: la Guerra Federal. Así pasamos de un tirano todopoderoso a una guerra civil.

Los romanos veneraban a la diosa “Fortuna” y cuando uno escucha esa palabra suele pensar que todo saldrá bien, la fortuna es incierta, no es mala ni es buena, pero uno tiende a no “echarse el burra pal’ monte”. Si analizamos en perspectiva aquel gobierno de Monagas uno podría pensar que cualquier parecido con nuestra realidad petrolera pareciera sacado de un cuento de ficción o fue producto de la “fortuna” de la época. La revolución de marzo nos llevó al más cruento conflicto de nuestra historia. Por ahora, este 2017 nos deja una serie de eventos subversivos que han segado la vida de 157 venezolanos durante 4 meses de actividad en las calles.

Se pudieran hacer muchas observaciones respecto al tema, pero lo que resulta inevitable es no comparar ambos periodos históricos. El mundo de hoy no es el de 1857, tenemos petróleo y sí, también están Vladimir Putin y Donald Trump. Que la revolución de marzo no tenga una versión remasterizada, te lo pedimos señor.


 

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