El petróleo ya se sembró

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Debo reconocer que de las pocas veces que los venezolanos nos sentamos a hablar del tema petrolero, usualmente alguien comenta algo como: “Aquí lo que hay que hacer es sembrar el petróleo, como decía Uslar Pietri”. Nada más lejos de la realidad. ¡Ojo! Uslar es uno de los intelectuales más brillantes (aunque yo crea más en lo que decía Galeano sobre los intelectuales) que ha tenido Venezuela en sus últimos 100 años, pero su frase estrella “sembrar el petróleo” es un cuasi epíteto que le acompaña.

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Uslar era un Da Vinci moderno, con el debido respeto a las comparaciones.  No en vano su (muy poco conocida) trayectoria como diseñador de eslóganes publicitarios fue tan buena como casi todo lo que se propuso en vida. Uslar sintetizó, el 14 de julio de 1936 en la editorial del diario ‘Ahora’, lo que debía ser la Venezuela petrolera. Pero lamentablemente “Sembrar el petróleo” ™ resultó siendo un total desastre.

El propio Uslar reconoció mucho tiempo después que Venezuela era un “Estado rico, pero una nación pobre”. La clase política venezolana asumió que sembrar el petróleo era engordar el Estado a partir de los ingresos petroleros. Utilizo este término porque realmente eso es lo que hemos venido siendo en los últimos años. La economía venezolana no se desarrolla, sino que engorda.

Recuerdo muy claramente que uno de los jurados de mi trabajo de grado en la universidad (que versó sobre el tema de la apertura petrolera en Venezuela) me dijo que por ser un trabajo petrolero “echaba de menos a Uslar Pietri”. Este quizá ha sido otro de los grandes muros que no hemos podido derrumbar, “sembrar el petróleo” nos persigue como una suerte de mantra hasta tal punto de asegurar que esta frase era como la pastillita aquella que daban en el antiguo IVSS: si a uno le dolía la cabeza, tenía gripe, se había roto un hueso, o estaba perdiendo la vista, no importaba, todo se curaba tomándose esa pastillita.

Así pareciera ser que le sucedió a Uslar con su frase, caso similar al de Umberto Eco con aquella célebre obra “El nombre de la Rosa” (la única que la gente pareciera conocer) según me comentó el bueno de Rafael Arraiz Lucca, otro de esos intelectuales que pare esta tierra como el cometa Halley, cada 76 años aproximadamente. En síntesis, “sembrar el petróleo” es algo obsoleto, como dicen los chamos: “ya pasó de moda”.

Más allá del fatalismo que periodistas como Ibsen Martínez le confieren a esta frase, “sembrar el petróleo” es algo que en Venezuela ya se hizo ¿Qué, no me creen? ¿Y el Guri? ¿Y las carreteras y autopistas? ¿Y las universidades públicas? Hasta el millón y medio de viviendas, que la gestión actual alardea cual hincha de fútbol con su bandera flameante, seguramente tienen su “toque petrolero”.

Lo lamentable de todo esto ha sido que no se hizo como debió hacerse. El petróleo lo sembró el Estado, Venezuela no es un país rico, la industria no se nacionalizó, sino que se gubernamentalizó y hoy PDVSA es una suerte de “Venezuela S.A.”. Así hemos venido cabalgando durante estas últimas lunas, con una pata que cojea, pero sin ganas de rendirnos.  Nos está haciendo falta que la razón gane la batalla a las emociones, así sea por un ratito. Esto último ya lo advertía otro genio como Pérez Alfonzo, por eso nunca se tuvo confianza para ser presidente. Menos emociones sin coherencia, menos frases estereotipadas y más cosas nuevas. Venezuela entrará realmente al siglo XXI cuando aprenda lo que significa “innovar” y nosotros comencemos a creer que “sí se puede”.

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