Poder versus Derecho en la constituyente

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Foto: @PresidencialVen

Por Jesús Morales

La constituyente, a ver, ¿cómo explicarlo…?

¿Sabes cuando pagas el pasaje pero el camionetero no te da el vuelto? La relación no parece obvia, pero en realidad es una situación que describe con mucha sencillez que en Venezuela el poder se encuentra en franca oposición al derecho. El camionetero tiene el poder, maneja el autobus y con su cara de pocos amigos se queda con el dinero y si le reclamas, te cae encima. Obvio, no todos son así, pero quizá ya te ha pasado. Esta imposición forzada de una tarifa que no está regulada ni respaldada es el uso indiscriminado del poder.

El primer instinto es claro y muy conocido, indignación. Para todos es obvio, “esto no debe ser así”. Pensamos en reclamar, pero no sabemos si acaso existe alguien a quien reclamarle, o si hacerlo tendrá algún resultado. A la rabia inicial se le suma una sensación de injusticia, impunidad y frustración. En pocos minutos hay un refuerzo emocional profundo de que no solo el camionetero tiene el poder, sino de que tú no tienes ninguno. El poder no es necesariamente bueno o malo, pero en este caso hablamos de la imposición del poder de una persona por encima del derecho de otra. El poder versus el derecho.

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El poder puede verse reflejado de muchas maneras: puede ser la capacidad para la violencia, o los recursos para comprar decisiones y resultados (incluso otras formas de poder). Lo que los demás piensan que es correcto puede ser una forma de ejercer poder, cuando una gran cantidad de personas expresan su interés o voluntad también. El gobierno es una forma de poder y se concreta en las leyes, entre ellas la Constitución. Una idea puede ser, quizá, la forma de poder más opuesta al uso de la fuerza y la violencia. En todo caso, la diferencia real es si el poder se ejerce por imposición o por mutuo acuerdo.

El llamado a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), al igual que el caso del camionetero, no responde a la legislación vigente, al mutuo acuerdo de todos los venezolanos expresado en la Constitución actual. Tampoco responde a la voluntad e intereses de la gente; si así lo fuera hubiese habido un llamado a un referendo para consultar si tú, yo y todos queríamos esto, pero no. Ni siquiera es algo que colectivamente se piensa que es correcto.

Entonces ¿qué queda? La ANC está siendo convocada con el respaldo del poder que monopoliza el gobierno de Nicolás Maduro, el cual no es otro que la disponibilidad de recursos y dinero para comprar decisiones y el uso de la violencia para defender estas decisiones, sean impuestas o no. Como él mismo lo dijo “Si no se logra por el voto, se logrará por las armas”. Así que el problema no es la Constituyente, es la imposición del poder del gobierno, sin consultar y de forma injusta.

Quizá la mayor amenaza que vivimos ahora es que la violencia y el uso de la fuerza intenta socavar una idea, una idea que no solo es poderosa, sino que es fundamental para que nuestro país tenga futuro. La idea de que cada uno de nosotros tiene derechos y que esos derechos no pueden ser eliminados por ningún mecanismo ni ninguna fuerza.

Lo importante sobre los derechos no es solamente lo que se consagra, alimentación, seguridad, derechos humanos, derechos políticos. Lo que es vital para comprender la idea de derecho es que son individuales y que son inalienables. Cuando tienes un derecho, este no puede ser eliminado. No importa cuan fuerte o débil, poderoso o desamparado, un individuo no debe ser privado de sus derechos. El pasajero no tiene por que pagar más de lo que la tarifa estipula, sin importar cuán malhumorado y molesto esté el conductor. Asimismo, cada uno de nosotros debe ser consultado si queremos una ANC o no.

Quizás hay muchos que se hacen la pregunta si hay mucha diferencia en cambiar una Constitución por otra. Quizá la haya, quizás no. Pero si el acto de instalación de una asamblea que va a redactar los derechos fundamentales por los que todos viviremos es un acto de imposición, un acto por el cual la amenaza de la violencia se impone y elimina los derechos de cada uno de nosotros, entonces tal vez no hay mucha esperanza de que el producto de esta acción sea diferente.

Ser libres es un tema complejo, vivir el libertad es difícil. Cada persona tiene libertades individuales propias y cada persona ostenta mayor o menor poder. Así que la libertad no es fácil, debe haber algo que regule o conduzca ese espacio donde mi libertad termina y empieza la tuya. Esa garantía de un espacio de coexistencia es el derecho. Es por ese derecho que el camionetero debe responder a tu reclamo, y el gobierno también.

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