Reclamos van, reclamos vienen

Coherencia y unidad son las exigencias de los opositores de a pie

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Fotografía: Inés López

Dice el Diccionario de la Lengua Española que la decepción es un “pesar causado por un desengaño”. Así, decepcionado y apesadumbrado se siente el venezolano opositor en los últimos días. Ya las calles y autopistas no están tan llenas como antes. Ya los trancazos tampoco son tan efectivos como antes. La instalación de la Constituyente, las pugnas internas en la Mesa de la Unidad Democrática y la poca claridad en las acciones de protesta han ido restándole fuerza y contundencia a las manifestaciones.

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Aunque en abril no se hablaba de Constituyente, la apuesta de los opositores una vez anunciada la elección era frenarla. Pero eso no se logró. Tras cuatro meses de protestas, la cantidad de manifestantes ha ido disminuyendo y el número de quejas ha ido incrementando. El 10 de agosto, el medio El Pitazo realizó una encuesta en Twitter consultando acerca de las razones de la disminución de las protestas de calle de la oposición. Los resultados son claros: 68% de casi 4 mil votantes seleccionó la opción “la gente se decepcionó”.

Diputado que se ve en la calle, diputado que es increpado. No importa si está solo, acompañado por otros políticos o escoltado por guardaespaldas. Reclamos, críticas, observaciones y sugerencias van y vienen. Juan Andrés Mejía, Rafael Guzmán, José Manuel Olivares, Juan Requesens, Miguel Pizarro y Freddy Guevara, sobre todo Freddy Guevara, han sido algunos de los más confrontados por las personas en la calle.

Dos lecciones encabezan la lista de pasos del anti-manual de cómo enfrentar una dictadura publicado por el periodista Andrés Cañizales en el portal El Estímulo el 4 de agosto: la primera, “no le hable claro al pueblo, dígale que de ésta vamos a salir fácil”; la segunda, “en un mismo día dicte tres acciones que no sean coincidentes”. En estas faltas ha incurrido la MUD. Y la gente lo sabe. Y lo recrimina.

El 28 de julio, dos días antes de la Constituyente y apenas horas después del anuncio del ministro de la defensa, Néstor Reverol, acerca de la prohibición de las concentraciones y manifestaciones públicas hasta el 1 de agosto, los ciudadanos reclamaban al vocero de Voluntad Popular y primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara, en Altamira el cambio anunciado a última hora por la coalición opositora. Ya no se haría la movilización denominada la “Toma de Caracas”, ahora sería un trancazo llamado “la Toma de Venezuela”.

“Te lo digo como un ciudadano de a pie: le estamos obedeciendo al gobierno porque dejamos de hacer la marcha, la toma de Caracas, para hacer unos trancazos”, le decía un señor en los alrededores de la plaza Francia mientras Guevara daba declaraciones a los medios de comunicación. “Por eso es que el gobierno nos coge”, agregaba otro joven.

Entre tanto, ya la protesta estaba siendo reprimida en Bello Campo, a unas pocas cuadras de donde estaba Guevara. “¿Tú crees que nos puedes dar el apoyo ahí a tragar bombas a Bello Campo? Ya llegó la Guardia. ¿Será que podemos ir, en vez de salir en las cámaras?”, le dijo uno de los muchachos de la llamada “resistencia”. El diputado respondió que iría al terminar de hablar con la gente. Eran tantos los reclamos que al terminar de conversar/debatir con las personas, ya no había enfrentamientos en Bello Campo.

Dos días pasaron, 545 constituyentistas fueron elegidos y 10 personas murieron, según cifras del Ministerio Público dirigido por Luisa Ortega Díaz, desmantelado después por la Constituyente. Desde el 30 de julio, cuatro días transcurrieron sin protesta. Ni el anuncio de alteración de resultados de las elecciones del 30 de julio hecho por Smartmatic, empresa contratada por el Consejo Nacional Electoral para organizar los comicios en el país, el 2 de agosto, logró generar el revuelo necesario para “encender” de nuevo las calles.

Al intentar retomar las manifestaciones, el 4 de agosto, los puntos de concentración estaban vacíos. “Dejaron enfriar la calle”, le exclamaba una señora a Juan Requesens en Santa Fe. “¡Unidad! ¡Pedimos unidad!”, expresaba otra señora.

Ese mismo día, en Bello Monte, frente al antiguo comando de Campaña de Henrique Capriles, tampoco había gente. Una sola persona, con gorra tricolor, expresaba su molestia a Rafael Guzmán al ver el lugar vacío y no notar la presencia de otros políticos.

“Ustedes (los políticos) tenían que haber amanecido en el Parlamento. Anoche la Guardia Nacional violentó la entrada al Salón Elíptico. ¿Y dónde estaban los diputados? Tomando whiskey, porque los vi. Allá estaba Tomás Guanipa en La Castellana”, decía un manifestante al lado del diputado Williams Dávila en Chacao durante una manifestación que pretendía llegar a la Asamblea Nacional el día de la instalación de la Constituyente en el Salón Elíptico. En esa oportunidad, la marcha tampoco pudo llegar a su destino.

Mientras una Asamblea Nacional Constituyente recién instalada decreta remociones y ratifica funcionarios, el precio del dólar paralelo fluctúa, la escasez continúa, la inflación crece y alcaldes son destituidos y condenados a prisión. Partidos se deslindan de la ruta de la Mesa de la Unidad Democrática y otros inscriben candidatos para las elecciones regionales. En paralelo, el pueblo exige más de sus dirigentes. Veremos qué pasa.

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