Repensar a Bolívar para salvar al país

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Por Ricardo Millán

Ayer pasamos otro feriado de nuestro país y como casi todos nuestros feriados que no son religiosos, este va relacionado con la independencia. El nacimiento del héroe venezolano más querido, mejor que Superman y Iron Man juntos: Simón Bolívar.

Un 24 de Julio de 1783, en la ciudad de Santiago de León de Caracas nace Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, no es nombre corto y tampoco lo serían sus hazañas. Recorrió cinco países en gesta libertadora, y a través de la guerra, logró la libertad de estas naciones. Bolívar siembra el ideario del héroe venezolano a través de las películas, los libros y las enseñanzas del colegio. Esto se ve reforzado con más de 130 años de historia militar oficial y bolivariana, incubando en la imagen del venezolano un germen aún difícil de erradicar.

Bolívar proviene de una sociedad colonial compleja donde las castas son lo primordial: Primero es la raza, después el dinero y por último la humanidad. Una sociedad donde las profesiones para la casta de Bolívar eran muy definidas y donde servir al Rey en el ejército era un honor. Es de esperarse que el joven Simón entrara en el ejército y más cuando se cambió al rey por la nueva República. Fue un defensor de la civilidad, pero esta virtud fue perdiéndose a lo largo de los más de 10 años que Simón estuvo en guerra; sangre, sudor y lágrimas fue el legado militar de la gesta independentista.

Como es de esperarse, esta gesta desoló a nuestra joven nación por lo que se necesitó de historiadores que avalaran la causa republicana, olvidando el oscuro pasado español y reafirmando los 300 años de explotación imperial que aguantó Venezuela. No fueron pocos los presidentes que avalaron esto, ni pocos los que se retrataron en el espejo del militar salvador a lo largo de nuestra historia. Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro, los hermanos Monagas, el llanero José Antonio Páez, Marcos Pérez Jiménez y muchos otros, afianzaron la idea militar en Venezuela.

Hoy, a 116 días del inicio de los nuevos enfrentamientos callejeros que han colmado el territorio nacional, vemos todavía este germen del militar en cada uno los rincones del país.

Muchos pueden pensar que me refiero a los innumerables encuentros de la GNB o la PNB con los manifestantes y el llamado desesperado del gobierno de tener a los soldados a sus pies, pero en realidad quiero referirme a otro tipo de inquietudes más significativas en este contexto actual.

La primera no es más que la necesidad de esperar un nuevo Bolívar, ese que vendrá en un caballo blanco (hoy podría ser en un tanque o en un helicóptero) a rescatarnos con hordas de soldados honestos y deseosos de respetar la constitución, y finalmente arremeter contra los colectivos y los esbirros; un sueño que el mismo Simón José Antonio desearía cumplir. Estamos llegando al final de la efervescencia militarista, hoy los civiles buscan darle una salida militar a lo que es netamente un proceso ciudadano. Esta salida depende de cada uno de los que adversan al gobierno nacional y son los que realmente pueden hacerle cambiar.

No hay que subestimar la reacción general tras los episodios del Comisario del CICPC, Óscar Pérez, quien en gesta heroica se ha ganado el corazón de todos los opositores (y en las redes sociales se puede ver que principalmente el de las mujeres). Óscar se convirtió en el mesías de una nueva Venezuela, el golpe próximo para acabar con “este peo”, sin siquiera tomar en cuenta que el Comisario no es militar, sino piloto de las fuerzas criminalísticas del país. En palabras más sencillas, es un policía, un “paco”. Él mismo proviene de la ciudadanía, y su acto refleja ese deseo de permanecer en ella, no de glorificar el militarismo, pues Óscar no habla de las glorias de un golpe sino de la institucionalidad de los cuerpos y fuerzas del orden público.

No menos preocupante son los grupos paramilitares que afianzan en los partidarios del gobierno la necesidad de ser como el Comandante y Bolívar. Arma en mano para los ajenos y orden cerrado mental para los propios, olvidando que los logros que han tenido no son sino a través de la democracia y los caminos civiles, hasta el mismo Hugo Chávez tuvo que dejar las armas para acceder al poder, pues como civil las puertas se le abrieron. Este fue un nuevo legado militar que ahora nos pesa cada vez más.

Por último, pero no menos importante, están los jóvenes de “La Resistencia”, los “soldados de franelas” como se hacen llamar algunos o los “libertadores” como se llaman otros. ¿No es también parte de ese germen el hecho de que se vean como soldados desarmados en una guerra injusta? En vez de promoverse como ciudadanos irreverentes ante el ámbito totalitario del gobierno nacional, se organizan como soldados, marchan al combate con redoblantes y escudos  como lo hacían las antiguas tropas del Ejército Libertador en las planicies de Carabobo y La Victoria. Podría decirse que actúan del mismo modo, esperando la muerte pero sin ceder terreno; civiles que buscan ser militares. Hasta la Mesa de la Unidad Democrática repartió franelas durante varias de las manifestaciones de mayo, que representaban nada más que la figura del General venezolano que va a luchar.

Ha pasado mucho desde que Venezuela necesitó realmente de militares para su rescate, la verdad, es que desde hace más de 30 años el país necesita que el pueblo lo rescate. Esto podría verse como algo sumamente pequeño entre tantas cosas, pero si queremos evitar otra vez las mismas desgracias y poder preservar el futuro de nuestra nación, no queda otra que obviar el militarismo y resaltar que es el pueblo, los ciudadanos, los que podemos garantizar nuestro futuro.

No rescatemos al Bolívar de la plaza en el centro de Caracas y todos los pueblos, sino a ese que está al final de la Avenida Bolívar, vestido de civil, observando y esperando que los ciudadanos demos luz a esa República a la cual no le hace falta más sangre sino más cariño.

4 COMENTARIOS

  1. Hay muchísimos juicios de valor, nombres de personajes mal escritos, una cronología de atrás para adelante y con saltos que no tienen nada que ver. Categorías anacrónicas, maniqueísmo y falta de análisis, crítica y academia.

  2. a) ¿¿¿olvidando el oscuro pasado español y reafirmando los 300 años de explotación imperial que aguantó Venezuela???
    ¿En qué momento la Capitanía General de Venezuela fue explotada por el Imperio Español? Siempre fuimos parte inherente de La Corona, toda la estructura jurídico-política se duplicó en los Reinos; que por conveniencia local, los criollos acataran pero no cumplieran todas las normas, leyes y políticas es otra cosa. La sociedad en su conjunto se desarrolló como parte integral de La Corona con matices propios. Es un error de conceptualización histórica decir que sufrimos una “explotación imperial”.

    b) ¿¿¿es que desde hace más de 30 años el país necesita que el pueblo lo rescate???
    c) ¿¿¿Estamos llegando al final de la efervescencia militarista, hoy los civiles buscan darle una salida militar a lo que es netamente un proceso ciudadano???

    ¿Cuál pueblo? La concepción moderna de pueblo en la política hispanoamericana alude a los “muchos”, “la muchedumbre”, “el pueblo pobre”. No incluye a la sociedad civil (ciudadanos de deberes y derechos). Pueblo en política hispanoamericana no es lo mismo que en Norteamérica. (We the people).

    ¿Cuál final de efervescencia militarista? El escenario político venezolano está más militarizado que hace 20 años atrás. Los militares tienen participación política activa.
    – Se les otorgó derecho al voto.
    – Se normalizó la participación político-partidista en los actos públicos.
    – Se afianzó la idea y carácter de su herencia y protagonismo histórico en la realidad político-social de la nación.
    – Su espacio de acción se magnificó exponencialmente. (Alcaldías, Gobernaciones, Ministerios, Vice ministerios, directivos de institutos, policias y empresas del Estado.
    – Dirigencia y adoctrinamiento de los grupos “Colectivos”. Destacando que el conjunto de individuos (de mentalidad miliciana) seguirán existiendo en un eventual nuevo Gobierno.
    – Militarización, ideologización y adoctrinamiento de cientos de miles de venezolanos, a través de la Milicia Nacional Bolivariana y Policía Nacional Bolivariana.
    – Irremediablemente la sociedad venezolana está militarizada en términos prácticos, ideológicos y materiales. La participación militar en el escenario político-social es un hecho. Ellos (los militares) son tan protagonistas como cualquier civil. El fin del militarismo aún NO está cerca.

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